lunes, 18 de agosto de 2008

¿En qué contribuye la evaluación de calidad educativa en la mejora de la actividad educativa?

Hoy en día existe una opinión muy generalizada sobre la capacidad de la evaluación para optimizar la actividad educativa. Hay cuatro ámbitos en los que lo puede hacer:

I ) Conocimiento y diagnóstico del sistema educativo.

La primera contribución que puede hacer es proporcionar datos, análisis e interpretaciones válidas y fiables que permitan formarse una idea precisa sobre el estado y la situación del sistema educativo y de sus componentes.
Es lo que suele denominarse función diagnóstica de la evaluación. Esta tarea de diagnóstico permite alcanzar un doble objetivo:

Primeramente satisface la demanda social de información que se manifiesta de manera creciente en las sociedades democráticas, aunque en medios de comunicaciones muchas veces se la trate como una competencia de países, tratando de disimular las “derrotas”, por otra parte sirve de base para los procesos de toma de decisión que se producen en los diferentes niveles del sistema educativo, a través de sus diversos agentes, pese a que la urgencia de las situaciones hace que se empleen otros criterios.

2) Conducción de los procesos de cambio

La segunda contribución consiste en proporcionar elementos para el seguimiento y la conducción de los procesos de cambio y de reforma educativa. Este tipo de trabajos, cada vez más frecuentes, permiten cumplir un triple propósito:

a) Obtener más y mejor información sobre el alcance y las consecuencias de estos procesos.
b) Objetivar el debate público sobre éstos, y ayudar a descargarlo de pasiones y prejuicios.
c) Dar apoyo a la toma de decisiones, que en estas circunstancias se debe hacer con carácter frecuente e inmediato.

3) Valoración de los resultados de la educación

La tercera contribución consiste en aportar un conocimiento objetivo y una valoración rigurosa de los resultados de la educación, generalmente por medio de una comparación a lo largo del tiempo o el espacio, cosa que permite, así, responder acerca de los resultados del sistema educativo. A pesar de la importancia que se atribuye a esta función, cabe recordar su gran dificultad, por motivos tanto conceptuales (no es fácil definirlos en un contexto en que las necesidades sociales e individuales están sometidas a cambios continuos) como metodológicos (entre los que se destaca la amplitud de la tarea, teniendo en cuenta la multiplicidad de dimensiones que abarca el concepto de resultado).

4) Mejora de la organización y del funcionamiento de las instituciones educativas

La cuarta de las contribuciones posibles es que proporciona información que permite conocer y valorar la organización y el funcionamiento de los centros docentes, con un doble propósito:

a) Proponer programas individualizados de mejora, a partir de la detección de los principales puntos fuertes y débiles.
b) Iluminar la situación general del sistema educativo, mediante el estudio de determinados casos concretos.

Esta contribución será posible apreciarla en un marco de cuidadosa contextualización de los resultados, desagregando los factores que son ajenos a las instituciones

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