jueves, 21 de agosto de 2008

Evaluación Educativa

Comentario de Bibliografía:
Evaluación Educativa 2
Autor: SANTOS GUERRA, MIGUEL ANGEL
Editorial: MAGISTERIO DEL RIO DE LA PLATA
ISBN:950-550-194-3

La evaluación es un proceso que permite poner sobre el tapete nuestras concepciones sobre la sociedad, sobre la educación, sobre la tarea de los profesionales... Por eso podría plantearse esta interpretación: Dime lo que piensas de la evaluación y te diré qué tipo de profesional eres. E, incluso, qué tipo de persona. Más importante que evaluar y que evaluar bien es saber al servicio de qué personas y de qué valores se pone la evaluación. Porque la evaluación es más un proceso ético que una actividad técnica. Si evaluar es comprender, es fácil deducir que la evaluación permitirá mejorar la práctica profesional de los docentes y de las instituciones educativas. Lo importante es potenciar las funciones más ricas de la evaluación (diagnóstico, diálogo, comprensión, mejora, aprendizaje, ayuda...) y disminuir las menos deseables (comparación, discriminación, jerarquización...). Miguel Ángel Santos Guerra reflexiona en este libro sobre la naturaleza de la evaluación, sobre sus peligros y sus exigencias. En la primera parte, analiza los aspectos generales de la evaluación en la institución escolar. En la segunda parte, focaliza la atención en parcelas diversas: evaluación de alumnos, de profesores, de instituciones, etc. El entramado de todos los capítulos es una preocupación intensa por la ética.

A continuación transcribo algunos párrafos de esta interesante obra:

Cómo se realizan los procesos de autoevaluación de los alumnos
Cuando la hora de la verdad en el proceso de enseñanza/aprendizaje es el aprobar y no el aprender, nos encontramos con que se concibe la autoevaluación de los alumnos como una trampa que facilita la consecución de buenas calificaciones y no como un proceso de reflexión a través del cual el profesor puede comprender lo que el alumno piensa de su aprendizaje.


Este forcejeo de profesores y alumnos ante los fenómenos sancionadores de la evaluación (el profesor trata de que no le engañen los alumnos y éstos de salir, como sea, airosos en las evaluaciones) tergiversa la naturaleza de los procesos de enseñanza y aprendizaje. No importa qué, cuánto, cómo y por qué aprender sino por qué caminos es más fácil y más seguro aprobar.


Los profesores deberían pensar qué es lo que sucede en su quehacer para que se llegue a una desnaturalización de los procesos de tal magnitud e intensidad: mientras menos contenidos se trabajen, más fácil será aprobar; es decir: mientras menos se aprenda, mejor.


Este enfoque nos permite comprender fenómenos tan repetidos en la vida escolar: la alegría ante la pérdida de clases, las negociaciones a la baja en la selección de contenidos, las clásicas trampas en la realización de los exámenes, las reclamaciones para subir la nota, etc.


La autoevaluación de los alumnos permite al profesor conocer cuál es la valoración que éstos hacen del aprendizaje, de los contenidos que se trabajan, de los métodos que se utilizan y de las formas empleadas en la heteroevaluación. Cuando existen discrepancias notables, ¿por qué motivos se producen?, ¿ha sido el alumno excesivamente benevolente como parte interesada que es?, ¿se ha mostrado excesivamente riguroso al faltar la comparación con otros alumnos?, ¿qué interés le han supuesto los temas seleccionados y los modos de trabajarlos?, ¿qué diferencias se producen entre los distintos tipos de alumnos?...


Cómo se emprenden procesos de investigación sobre la evaluación de los alumnos
La investigación en la acción es un proceso de reflexión que los profesores emprenden sobre su propia práctica con el fin de entenderla y mejorarla. Este proceso de reflexión puede focalizarse, obviamente, sobre la evaluación de los alumnos.


El profesor se pregunta sobre la naturaleza de los procesos intermedios que tienen lugar entre la calificación y los objetos de la evaluación. Procesos que están cargados de valores, motivaciones, expectativas, juicios precios, concepciones sobre la educación, relaciones con los alumnos, experiencias anteriores, prejuicios sobre resultados, etc. De ahí que varíen tanto las evaluaciones realizadas por distintos jueces o por el mismo juez en diferentes momentos o respecto a distintas personas.


El profesor puede verse influido, en ese proceso mediador, por diferentes tipos de factores. Unos afectan a los alumnos (efecto halo, trayectoria anterior, cercanía emocional, atención en el aula, etc.), otros a la concepción del proceso evaluador (simple comprobación, momento de generar iniciativa, capacidad de síntesis, etc.), otros a sí mismos (estado emocional, ejercicios anteriores corregidos, estado de salud, etc.), otros a la comunidad escolar (comparación con otros docentes, expectativas de los padres, deseo de que la escuela tenga una determinada imagen, etc.).


"Entre la calificación, apreciación o juicio que se da a un examen o a cualquier tipo de realización o conducta de un alumno, y esa realización, conducta o trabajo materialmente observable del alumno, existe un proceso intermedio de elaboración de un juicio por parte del evaluador. El esquema planteado por Cauerni y Noizet (1978) establece la interacción entre tres elementos básicos que interactúan en el acto de la evaluación: el evaluador, provisto de una memoria que contiene diversas informaciones sobre el producto de la realización o conducta a evaluar y la realización de un acto de comparación. La interacción implica una medición, que es la esencia del acto de evaluar" (Gimeno, 1988).


La reflexión sistematizada sobre esos procesos intermedios hace que el profesor ponga en permanente tela de juicio sus concepciones pedagógicas, sus actitudes ante la actividad y sus formas de actuar.


Las preocupaciones temáticas pueden ser múltiples y estar arraigadas en cualquiera de los innumerables aspectos que el fenómeno de la evaluación alberga. Muchos interrogantes surgirán de la práctica del propio profesor: ¿Por qué mis calificaciones son diferentes a las de otro profesor del mismo curso?, ¿por qué mis alumnos difieren de mis criterios sobre la evaluación?, ¿qué piensan unos profesores de otros acerca de su forma de evaluar?...
Algunas prácticas pueden ser útiles para desentrañar la complejidad del proceso evaluador. Emitir informes de carácter cualitativo en lugar de calificaciones simplificadas como "apto" o "bien", "progresa adecuadamente", etc. puede desvelar las redes del significado psicológico, social, didáctico, del proceso evaluador; elaborar informes compartidos por un equipo de profesores sobre un curso o un alumno obligará a contrastar criterios y a elaborar un conocimiento matizado.


"La investigación en la acción es, según afirman Kemmis y Stake (1988), una especial forma de autoevaluación usualmente empleada por los profesores, aunque cada vez es más usada por los profesores en colaboración con los estudiantes y con otros miembros de la escuela. Se centra en la mejora de las prácticas educativas, la comprensión de dichas prácticas y de las situaciones en las que trabajan los profesores."


El resultado de esta investigación, realizada sobre la práctica, ayudará al profesor a comprender la entraña de la actividad que realiza y a tomar decisiones pertinentes que la mejoren. La evaluación de los alumnos se convertirá así en un excelente proceso para el aprendizaje del profesor.


La evaluación, entendida como un proceso de investigación sobre la práctica, estimulará un conocimiento permanentemente revisable sobre la práctica profesional.


"La nueva evaluación puede ayudar a mejorar este clima (se refiere al clima generado por la implantación del modelo de objetivos), a estimular la curiosidad acerca de la enseñanza v a modificar una presunción excesiva. Tal evaluación equivale a investigar la naturaleza y los problemas de la innovación educativa y el perfeccionamiento de las escuelas. Y se trata de una investigación que es relativamente no técnica v accesible. Esto hace también que resulte más fácil la definición de la posición que desempeña el que desarrolla el currículum como la de investigador" (Stenhouse, 1984).


Permítaseme una consideración sobre los procesos conducentes a conseguir que los profesores se planteen la evaluación de una forma no rutinaria. El modo de llegar a una situación más ambiciosa que permita convertir la práctica en un proceso de investigación no es la prescripción legal. Existen numerosos testimonios del fracaso de este tipo de intentos. Cuando en 1970 la Ley General de Educación exigió a los profesores realizar la evaluación continua, lo que se consiguió fue que los profesores repitiesen continuamente los errores que hasta entonces planteaban de forma trimestral. Cuando ahora se obliga a los profesores a plantear la evaluación cualitativa, sólo se conseguirá, en el mejor de los casos, una inquietante desazón. ¿Es que pueden improvisar los profesores unas actitudes y unos conocimientos técnicos por el simple hecho de que los exija la Ley? Cuando se pidió a los profesores que realizasen evaluación institucional a través de la elaboración de la Memoria de Centro, sólo se consiguió que elaborasen estériles informes carentes de una reflexión y discusión compartida.


No es ése el camino. Un modelo de formación asentada en la racionalidad práctica, un ejercicio profesional que favorezca los procesos de experimentación curricular y la concepción del currículum como investigación y un perfeccionamiento asentado sobre la exploración compartida, serán los medios más eficaces para conseguir unos profesionales menos preocupados por las prescripciones y menos crédulos ante los mitos y errores educativos.
Cuando hablamos de caminos nos estamos refiriendo a sendas de interminable y, a veces, tortuoso recorrido. No se trata de cortos senderos hacia una reconfortante posada, sino de caminos que van abriendo sobre la práctica y que nunca tienen un punto final.


En definitiva, lo que aquí se propone es convertir la evaluación en un proceso permanente de revisión y de análisis de la práctica. Porque la evaluación es una fuente en sí misma de interrogantes pero, además, contiene en su dinámica elementos suficientes para poner en cuestión toda la concepción curricular. El profesor puede encontrar en la evaluación un permanente camino de aprendizaje.

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