domingo, 22 de febrero de 2009

¿Cómo Presentan sus Resultados los Sistemas Nacionales de Evaluación Educativa en América Latina?

DIEZ PISTAS PARA PENSAR EN EL FUTURO
Como forma de cerrar este recorrido por los informes nacionales de resultados de pruebas de evaluación de aprendizajes o logros educativos, formularemos a continuación lo que consideramos son las diez principales pistas o desafíos para mejorar nuestros modos de reportar los resultados, así como para mejorar nuestro conocimiento acerca del grado en que nuestros reportes efectivamente están teniendo algún impacto en el sistema educativo.

1. Una primera pista para la reflexión es, en realidad, una advertencia respecto al cuidado que debería tenerse antes de “adosar” a las evaluaciones nacionales algún tipo de consecuencia directa para las escuelas, del tipo incentivos económicos, publicación de rankings u otros. En este sentido, sería pertinente realizar algún tipo de investigación cualitativa acerca del impacto que realmente tiene sobre las escuelas una estrategia de esta naturaleza en un país como Chile, que ha apostado fuertemente en esta línea. Este enfoque genera una fuerte presión sobre las escuelas en la dirección de destinar mucho tiempo a preparar a sus alumnos para responder a las pruebas, lo cual puede dar lugar a una peligrosa reducción del curriculum cuando se trabaja exclusivamente con pruebas de selección múltiple o de respuesta sencilla.

2. Si la apuesta principal es que los sistemas de evaluación aporten a los docentes información relevante para revisar y mejorar su trabajo, entonces deberíamos generar conocimiento específico en torno a las siguientes preguntas: a) ¿están los maestros recibiendo los informes y publicaciones derivadas de las evaluaciones nacionales?; b) ¿en qué proporción efectivamente las leen?; c) ¿en qué medida comprenden el contenido de esas publicaciones?; d) ¿en qué grado la información que les ofrecemos en nuestros reportes les resulta pertinente y enriquecedora para comprender los procesos de aprendizaje de los alumnos y para analizar sus propias prácticas de enseñanza?; e) de los diferentes tipos de estrategias desarrolladas en la región -envío de publicaciones, talleres de capacitación, aplicación y corrección autónoma de pruebas, etc.-, ¿cuáles aparecen como más pertinentes para lograr que las evaluaciones sirvan para mejorar la enseñanza?; y, f) ¿qué otras expectativas o demandas tienen los maestros hacia las unidades de evaluación?

3. Aún cuando no se desee adoptar el camino de la publicación de resultados por escuela en la prensa, queda en pie el desafío de cómo informar a las familias acerca de los resultados de las evaluaciones.
Las preguntas a plantearse en este punto son: qué tipo de información brindarles y de qué modo hacerlo. En principio debería tratarse, más que de información numérica -datos de resultados-, de información ilustrativa acerca de qué es lo que se espera que sus hijos sean capaces de hacer, en qué grado lo están logrando y qué pueden hacer las propias familias para apoyar la labor de la escuela.

4. En el mismo sentido, sería útil saber más acerca de cómo otros actores relevantes –autoridades educativas, profesionales de unidades de currículum o formación de docentes, políticos, dirigentes sociales- comprenden e interpretan los resultados y qué demandas de información tendrían ellos hacia los sistemas de evaluación. Un modo de construir respuestas a las interrogantes formuladas en este párrafo y en los dos anteriores sería realizar estudios de casos nacionales mediante encuestas y grupos de discusión con maestros, familias y otros actores relevantes, con el fin de indagar en sus percepciones y demandas sobre los sistemas de evaluación de aprendizajes.

5. Habría que efectuar una revisión sistemática de cómo la prensa ha venido divulgando los resultados de las evaluaciones en los países de la región, el tipo de visión que se deriva hacia la opinión pública y el tipo de errores o interpretaciones inapropiadas más comunes. Eventualmente, debería pensarse en instancias formativas dirigidas a periodistas dedicados a temas educativos (Argentina ha comenzado a hacerlo recientemente, invitando a un especialista español a dictar un seminario sobre evaluación para periodistas).

6. Para dar respuesta a lo que los diferentes actores esperan de los sistemas de evaluación, probablemente será necesario avanzar hacia formas de diseño de las pruebas y de los reportes de resultados de carácter “criterial”; es decir, que no se limiten a describir promedios de respuestas correctas y a comparar entre tipos de escuelas o jurisdicciones en que el país está dividido, sino que establezcan niveles de desempeño exigibles a todos los alumnos en cierto grado o nivel, y que reporten
el grado en que ello ha sido alcanzado.
Asimismo, los reportes numéricos deberían ilustrar ampliamente lo que los puntajes significan en términos de conocimientos y competencias de los alumnos. Estas ilustraciones deberían ir más allá de la publicación de ejemplos de ítemes individuales.

7. Es preciso incorporar de alguna manera la consideración de la composición sociocultural del alumnado de los diferentes tipos de escuelas o sectores del sistema educativo en el análisis y presentación de resultados.

8. Habría que dar “valor agregado” a los informes en términos de reflexión sobre los datos y relación de éstos con lo que otras investigaciones muestran, entre otras cosas. Asimismo, es preciso reportar sistemáticamente acerca de otras variables sociales e institucionales por sí mismas, de modo de enriquecer la comprensión sobre cómo es el sistema educativo y sus heterogeneidades internas.
Esto debería hacerse inclusive antes de hacerlas formar parte de estudios de “factores asociados”, lo que permitiría mejorar la comprensión de lo que significan dichos factores, así como la manera de medirlos. Por otra parte, es preciso llevar adelante o encomendar investigaciones que asuman adecuadamente la complejidad metodológica del tema y moderar las expectativas acerca de lo que las mismas pueden aportar a la formulación de las políticas educativas para evitar caer en simplificaciones.
Es conveniente también ampliar el espectro de investigaciones a realizar en materia de “factores asociados” incluyendo abordajes de carácter cualitativo.

9. Un desafío relevante a asumir es el monitoreo en el tiempo de los resultados de nuestros sistemas educativos. Probablemente este sea uno de los tipos de información relevantes tanto para el público en general como para las autoridades y tomadores de decisiones. Esta tarea tiene fuertes implicancias de tipo técnico para garantizar la equivalencia de los instrumentos a lo largo del tiempo.

10. Finalmente, las unidades de evaluación de la región tendríamos que trabajar en forma conjunta en la definición de estándares de calidad técnica que deberían satisfacer las evaluaciones y los reportes de resultados. Seguramente este sería un paso enriquecedor para todos que permitiría mejorar la calidad de nuestro servicio al sistema educativo y a la sociedad.

¿Cómo Presentan sus Resultados los Sistemas Nacionales de Evaluación Educativa en América Latina?
Pedro Ravela*
El libro completo puede bajarse en http://www.oei.es/oeivirt/
Recuperado el 2 de febrero de 2009
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