jueves, 22 de abril de 2010

APORTACIONES AL CONCEPTO DE EVALUACIÓN.

Tyler realizó aportaciones importantes a la concepción del currículo y de evaluación, y su influencia al respecto perdura en la actualidad. Concibió la evaluación como un proceso que permite determinar hasta qué punto los objetivos educativos han sido alcanzados en los programas, por ello se dice que privilegia una evaluación con finalidad sumativa. Definió los objetivos educativos en términos de los cambios de conducta deseables que se persiguen en el estudiantado. En función de esto, los objetivos de aprendizaje debían desglosarse en unidades mínimas, y describirse en términos de conductas observables y medibles, es decir, adoptó una orientación conductista de la evaluación.

En la práctica, el modelo de evaluación por objetivos, ha presentado algunas limitaciones. La más importante se refiere a que se ha priorizado la evaluación de objetivos finales (evaluación sumativa), esto es, cuando ya se ha completado un ciclo de enseñanza, con lo cual la retroalimentación que puede tener el maestro ya no es útil para reorientar sus actuaciones en vistas de alcanzar los objetivos educativos planteados. No menos importante son las limitaciones de tipo técnico para traducir los objetivos de aprendizaje en conductas observables y medibles, por lo cual se ha recurrido a la utilización de test. Una tercera limitación tiene que ver con la dificultad de establecer objetivos en términos de conductas observables, para evaluar aspectos de tipo subjetivo que influyen en gran medida sobre los aprendizajes.


Aportaciones más recientes al concepto de evaluación.

Desde finales de los sesentas se empezó a dudar de que la evaluación educativa con un enfoque cuantitativo (tyleriano) fuera realmente efectiva. Surgieron opiniones de algunos teóricos acerca de que las metodologías evaluativas serían más exitosas si fueran descriptivas e inductivas. Esta postura, compartida por varios teóricos indicaba la preocupación de que la evaluación se centrará únicamente en los productos finales y no en comprender los procesos educativos. De esta manera se empezaron a desarrollar diversos enfoques que enriquecieron los alcances de la evaluación educativa. Las aportaciones más importantes se describen a continuación.


M. Scriven considera que la evaluación es una constatación o estimación del valor de la enseñanza, considerada no sólo en sus resultados, sino también en su proceso de desarrollo. Hace una diferenciación entre la evaluación sumativa y la formativa. Destaca el valor de ésta última, ya que es una manera de estimar como se desarrolla la enseñanza y, por lo tanto, contiene la posibilidad de poder servir para su perfeccionamiento al facilitar la toma de decisiones durante el proceso didáctico. Para este autor, la evaluación de los resultados de la enseñanza debe considerar, además de los objetivos programados, aquellos resultados no previstos y que pueden ser incluso más importantes que los primeros.


M. Fernández concibe que la evaluación va más allá de obtener información, constatar datos u otorgar una medida a los mismos. Plantea qué se evalúa cuando se otorga un sentido a esa información. Este autor parte de que la evaluación es educativa cuando sirve de base a la reflexión y a la toma de decisiones durante el mismo proceso, por ello, la evaluación está estrechamente relacionada con el cambio de las actuaciones docentes.


La evaluación de los aprendizajes escolares se refiere al proceso sistemático y continuo mediante el cual se determina el grado en que se están logrando los objetivos de aprendizaje. Dicho proceso tiene una función primordial dentro del binomio enseñanza-aprendizaje, pues por medio de ella se retroalimenta.



Si como resultado de la evaluación descubrimos que los objetivos se están alcanzando en un grado mucho menor que el esperado o que no se están alcanzando, inmediatamente surgirá una revisión de los planes, de las actividades que se están realizando, de la actividad del maestro, de los alumnos y de la oportunidad de los objetivos que se están pretendiendo. Todo este movimiento traerá como resultado un reajuste, una adecuación que fortalecerá el proceso enseñanza-aprendizaje que se viene realizando; es así como la evaluación desempeña su función retroalimentadora.



Imaginar el proceso enseñanza-aprendizaje sin evaluación, sería como salir a un camino deseando llegar a determinado lugar, pero sin preocuparnos en ningún momento por analizar las señales que nos indican si vamos por el camino adecuado: correríamos el riesgo de descubrir tardíamente que hemos llegado a donde no deseábamos, o que llegamos, pero habiendo utilizado el camino más complicado porque no nos detuvimos a observar que había otro más corto y en mejores condiciones.


Evaluar, en otras palabras, es reunir todas las evidencias posibles que en forma objetiva podamos encontrar a favor o en contra de cada una de las actividades que se están desarrollando dentro del proceso enseñanza-aprendizaje.


La evaluación es un proceso que implica descripciones cuantitativas y cualitativas de la conducta del alumno, la interpretación de dichas descripciones y por último la formulación de juicios de valor basados en la interpretación de las descripciones.


Cuando la evaluación se entendía como aplicación de exámenes exclusivamente, se distinguían dos tipos de ellos: los parciales y los finales.


Refiriéndonos a la evaluación como proceso para determinar el grado en que los objetivos del aprendizaje van siendo alcanzados, éstos se clasifican en tres tipos.


Evaluación Diagnóstica

Evaluación Formativa

Evaluación Sumativa


La evaluación diagnóstica

La evaluación diagnóstica es un proceso que pretende determinar:

Si los alumnos poseen los requisitos para iniciar el estudio de una unidad o curso.

En qué grado los alumnos han alcanzado ya los objetivos que nos proponemos en esa unidad o curso (conocimientos, habilidades, destrezas, etc.)

La situación personal: física, emocional y familiar en que se encuentran los alumnos al iniciar el curso o una etapa determinada.


Si analizamos los aspectos que pretenden conocerse a través de la evaluación diagnóstica, caeremos en la cuenta de que, por su carácter de antecedentes básicos que el maestro necesita tomar en cuenta antes de realizar cualquier actividad, la evaluación diagnóstica deberá llevarse a cabo al inicio del curso y al inicio también de cada unidad, si se considera conveniente.


Si a través de la evaluación diagnóstica nos dimos cuenta de que los alumnos, en su mayoría poseen los requisitos para abordar el curso, lo interpretaremos como luz verde para seguir adelante con nuestros objetivos; pero, si descubrimos que la mayoría no cuenta con dichos requisitos, tendremos que hacer un reajuste en esa unidad o curso, nuevamente tendremos que hacer los reajustes necesarios la planeación, pues de lo contrario los alumnos perderán el interés y no desearán repetir actividades encaminadas hacia objetivos que ya alcanzaron. Los datos obtenidos a través de la evaluación diagnóstica acerca de las características familiares, físicas y emocionales en nuestros alumnos; mediante este conocimiento podremos orientar nuestra acción para tratar de responder a las especiales circunstancias de cada uno de ellos.


La evaluación formativa.

La evaluación formativa es un proceso que pretende:

Informar tanto al estudiante como al maestro acerca del progreso alcanzado por el primero.

Localizar las deficiencias observables durante un tema o unidad de enseñanza-aprendizaje.

Valorar las conductas intermedias del estudiante para descubrir cómo se van alcanzando parcialmente los objetivos propuestos.


Por sus características, la evaluación formativa tendrá lugar al final de un tema, de una unidad o al término de una serie de actividades de cuyo buen logro depende el éxito de actividades posteriores.


La evaluación formativa tiene también un papel de mucha importancia dentro del proceso enseñanza-aprendizaje, ella se encarga de orientar la actividad a través de sus informes sobre la forma en que se van alcanzando los objetivos. Si la evaluación formativa señala que se van cumpliendo los objetivos, el maestro y los alumnos tendrán un estímulo eficaz para seguir adelante. Si la evaluación formativa muestra deficiencias o carencias en cuanto a los objetivos que pretenden alcanzarse, será tiempo de hacer las rectificaciones y ajustes necesarios al plan, de motivar nuevamente a los alumnos y de examinar si los objetivos señalados son los más oportunos para colocarse en esa precisa etapa del proceso enseñanza-aprendizaje.


La evaluación sumativa.

La evaluación sumativa es un proceso que pretende:

Valorar la conducta o conductas finales que se observan en el educando al final del proceso.

Certificar que se han alcanzado los objetivos propuestos.

Hacer una recapitulación o integración de los contenidos de aprendizaje sobre los que se ha trabajado a lo largo de todo el curso.


Integrar en uno solo, los diferentes juicios de valor que se han emitido sobre una persona a través del curso.


Dadas las características, el tiempo apropiado para llevarla a cabo será el fin de una unidad o de todo un curso escolar. Por medio de ella se trata de corroborar lo que ha sido alcanzado; esto no será nuevo para maestros y alumnos puesto que al llegar a la evaluación sumativa, se cuenta ya con información suficiente de la evaluación formativa que les harán vislumbrar lo que pueden esperar de la evaluación sumativa. Si los resultados de esta evaluación no son los esperados, habría que desconfiar de la validez de las evaluaciones formativas o de la atención que se prestó a éstas para hacer los reajustes necesarios.


Los tres tipos de evaluación antes mencionados recorrerán el mismo proceso: formular un juicio de valor sobre las conductas del educando, después de una medición e interpretación previas. Dicho juicio de valor irá desempeñando diferentes papeles: será un antecedente del alumno en la evaluación diagnóstica, un indicador de sus adelantos o deficiencias en la evaluación formativa y una certificación del grado en que alcanzó los objetivos en la evaluación sumativa.



Fuente

Moreno, M. "Didáctica, Fundamentos y práctica. México": Editorial Progreso.


http://www.buenastareas.com/


 

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