viernes, 10 de junio de 2011

¿Qué es la rendición de cuentas?

¿Qué es la rendición de cuentas?
Hacia la responsabilidad compartida
Extraído de
Para comprender las evaluaciones educativas Fichas didácticas
Pedro Ravela
GTEE PREAL
A lo largo de la última década han venido creciendo las demandas por utilizar los resultados de pruebas estandarizadas para hacer que escuelas y docentes “rindan cuentas” de su trabajo.

La ficha 11 se propone explicar los diversos significados del término “rendición de cuentas” y las visiones contrapuestas que existen acerca de la misma. Se analiza los principales debates en torno a la rendición de cuentas y algunas experiencias relevantes que se lleva adelante en diversos lugares del mundo.

Se explica asimismo los efectos “perversos” o no deseados que algunos mecanismos de rendición de cuentas pueden desencadenar.

Al mismo tiempo, se destaca la importancia de la rendición de cuentas como mecanismo de involucramiento de la ciudadanía con la educación, de transparencia democrática y de mejora de la gestión y de la enseñanza que se brinda a los estudiantes.

Para ello se analiza las peculiaridades de la acción educativa que por un lado hacen necesaria la rendición de cuentas pero por otro exigen encararla con una lógica articuladora y no meramente como señalamiento de culpables de los problemas educativos.

Por este motivo se enfatiza la multiplicidad de actores que deberían hacerse responsables por los resultados en el sistema educativo: los directivos y docentes, pero también las autoridades centrales y locales, los técnicos, las familias y los propios alumnos.


FichDid_-_Ficha_11 que es la rendición de cuentas


El problema de fondo: la “opacidad” de la labor educativa
Por su propia naturaleza, el resultado del trabajo educativo es poco visible. No puede ser percibido directamente. Un niño que no recibe la formación apropiada recién se dará cuenta de ello cuando sea un adulto joven y se enfrente a sus propias limitaciones. El carácter simbólico –inmaterial, intelectual y afectivo- de la labor educativa y de lo que la misma genera en los alumnos, hace difícil percibir qué está pasando.

A pequeña escala, en las escuelas, los profesores y los padres pueden construir una percepción acerca de si un alumno aprende o no aprende, o en qué grado lo hace. Pero esta percepción está determinada por las propias categorías mentales del profesor o del padre.

Un profesor mejor formado y más exigente tenderá a esperar más de sus alumnos y a considerar que no han aprendido lo suficiente. Un profesor menos formado y/o menos exigente tenderá a considerar que sus alumnos han logrado lo suficiente aun cuando desde otra perspectiva esto pueda resultar insuficiente. Ello se refleja muchas veces en discrepancias importantes cuando se conforma tribunales o jurados para examinar estudiantes.

La percepción de los padres es aun más complicada. Primero, porque está mediada por la percepción que el profesor les ofrece a partir de las calificaciones que le otorga al alumno. Si el alumno recibe una buena calificación, los padres, sobre todo los que han tenido menos trayectoria en la educación formal, tenderán a pensar que el alumno está aprendiendo aunque ello pueda no ser así. Los padres más formados, que tuvieron ellos mismos una enseñanza más exigente, tal vez pongan en duda las calificaciones que sus hijos reciben y consideren que los profesores “de ahora” son muy condescendientes.

En segundo lugar, algunos padres pueden mostrarse insatisfechos con la enseñanza, simplemente porque el modo de enseñar y los “temas” que se enseñan han cambiado – sobre todo en la educación primaria- y “ya no se enseña como antes el sujeto y el predicado, los verbos, las reglas de ortografía...”. Pueden no comprender qué es lo que la escuela y el maestro están intentando hacer.

Cuando se pasa de la escala micro a la gran escala, es decir, a la formulación de un juicio de valor sobre lo que se está aprendiendo en un sistema educativo, la situación se torna más compleja todavía. El deterioro o la mejora solo puede ser percibido en el mediano y largo plazo, y se requiere de dispositivos especiales de producción de información –las evaluaciones estandarizadas, entre ellos-.

En otras áreas de la vida es más sencillo evaluar la situación: uno se siente mal físicamente y consulta al médico, tiene que esperar el ómnibus durante mucho tiempo y se queja por la baja frecuencia del servicio, la luz se corta, el pan está duro y decide no comprar más en esa panadería.

En la educación todo es más complejo. Uno puede percibir lo superficial: el profesor es atento, es puntual, intenta que todos entiendan, el liceo está limpio o sucio, hay material de estudio, hay computadoras. Estos aspectos son importantes para la educación, pero no son en sí mismos la educación. Pero son visibles, por lo cual es más fácil valorarlos -– y también, por esta razón muchas veces la tentación de los gobiernos es concentrarse en este tipo de elementos, que son importantes, pero que, sobre todo, se pueden mostrar al público--.

Esta intangibilidad de lo que el sistema educativo logra en las nuevas generaciones da lugar muchas veces a que las instituciones educativas en cierto modo queden eximidas de responsabilidad sobre los resultados de su tarea. No deben dar cuenta a nadie de lo que están logrando, porque lo que están logrando no es visible. Puede haber diversidad de opiniones, pero no hay bases ciertas para establecer juicios de valor sobre el quehacer educativo.

El tema de la “rendición de cuentas” o “responsabilidad por los resultados” tiene relación directa con esta característica central de la labor educativa.

Si está interesado en acceder al archive PDF, y no puede bajarlo de SCRIBD, puede solicitarlo a achristin@gmail.com
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