sábado, 8 de septiembre de 2012

La evaluación como instrumento de conducción de los procesos de cambio

La Calidad Educativa es un camino, y mediante su evaluación, sabremos si llevamos el rumbo correcto ¿Cuál es el rol más importante de la evaluación de los sistemas educativos? ¿Qué aportes puede hacer para contribuir al éxito de los cambios? En los siguientes párrafos se presenta una respuesta a estas preguntas.



Pero aunque el auge y la expansión de la evaluación se expliquen en buena medida como consecuencia de las transformaciones experimentadas por los propios sistemas educativos, no hay que creer que se trate de procesos ciegos o faltos de dirección. La pretensión de controlar y dirigir el cambio es una constante en la educación. Y la relevancia adquirida por la evaluación también se explica parcialmente por los objetivos que se le han asignado en los sistemas educativos actuales, dicho de otro modo, por lo que se ha querido conseguir mediante su aplicación generalizada.

Los nuevos modos de gestión educativa a que antes se hacía referencia han hecho aparecer y difundirse nuevos modelos de administración. Uno de los que más han llegado a calar es el modelo de conducción o seguimiento. Su imagen sería la de un sistema que funciona y se desarrolla con notable autonomía interna (el sistema educativo) y al que interesa ir orientando (desde la administración) para asegurar que se alcanzan los objetivos establecidos. En ese modelo, la evaluación desempeñaría un papel fundamental para controlar la dirección y el ritmo del cambio y para comprobar la distancia que aún resta para alcanzar los objetivos marcados.
 
El modelo de conducción o seguimiento era difundido a comienzos de los noventa por Gilbert de Landsheere, quien lo definía como “la toma de decisiones al nivel macroscópico (es decir, de un sistema o subsistema educativo) o microscópico (es decir, de un establecimiento o incluso una clase), sobre la base de constataciones tan objetivas como sea posible, relativas al estado, al funcionamiento o a los productos del sistema”. En tiempos recientes se ha planteado un nuevo debate académico y político acerca de la posibilidad de realizar una conducción basada en los resultados de la educación, que viene a ser una actualización de esas mismas ideas y que entiende que se trata del modelo mejor adaptado a las circunstancias actuales.

Así considerada, la evaluación sería uno de los instrumentos fundamentales para pilotar el cambio. Como decían los ministros iberoamericanos de Educación, reunidos en Buenos Aires en 1994, “bien podría afirmarse que la evaluación no es sino una forma distinta y nueva de hacer política y, más concretamente, de explicar las políticas por medio de los logros alcanzados o, eventualmente, fallidos” (OEI, 1994, p. 5).

Estas últimas palabras ponen el acento en una observación fundamental para situar la evaluación en su justo lugar y que no nos cansaremos de repetir: la evaluación no sustituye a la política educativa, sino que es un instrumento a su servicio. Es importante, eso sí, pero no deja de ser un simple instrumento. Dicho con otras palabras, evaluar no mejora la realidad que se evalúa, lo que consigue es proporcionar una información tan rigurosa y detallada como queramos para conocerla mejor y actuar en consecuencia. A partir del diagnóstico que hagamos y del juicio que emitamos sobre el aspecto o aspectos de la realidad que evaluamos, podremos adoptar medidas que permitan superar los puntos críticos detectados y adoptar decisiones orientadas a la mejora.

Por seguir con el símil de la conducción, la calidad de los instrumentos utilizados no sustituye la pericia del piloto, que es quien debe adoptar las decisiones que convengan para llegar al punto de destino.





Autor
Evaluación y cambio educativo: los debates actuales sobre las ventajas y los riesgos de la evaluación
Alejandro Tiana
En
Avances y desafíos en la evaluación educativa
Elena Martín
Felipe Martínez Rizo
Coordinadores
Metas Educativas 2021





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1 comentario:

ESalvador dijo...

Los exámenes externos condicionan enormemente la docencia, ya que lo que se pide en ellos es lo que más importa conseguir, desplazando a un segundo plano lo que se considera accesorio. Se implanta así una forma perversa de pedagogía, en la que la evaluación se antepone a la educación.

Se impone de alguna manera una determinada forma de enseñanza, orientada a la superación de un examen, que dificulta o impide otro tipo de docencia; ya que los resultados conseguidos, el porcentaje de aprobados, se utilizan como indicador de la calidad de cada colegio. Es una forma eficaz de normalizar las escuelas, penalizando las posibles desviaciones.
http://www.otraspoliticas.com/educacion/revalidas

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