sábado, 13 de octubre de 2012

¿Qué entendemos por el proceso de evaluación de la calidad de los centros preescolares?

¿Qué significa medir la calidad de los centros educativos, y particularmente los preescolares? ¿Se trata de medir cantidad de conocimientos? ¿Es un proceso meramente cuantitativo? ¿Es necesario enfatizar en lo malo? ¿Cómo caracterizar la acción de evaluar?




Analizaremos especialmente la palabra evaluación, reconociendo que en la función de evaluadores externos, asumimos una postura no únicamente teórica, sino también política y social. Lo que a su vez tiene repercusiones directas sobre las características de los instrumentos diseñados, la utilización de la información obtenida mediante la observación directa en contexto, las formas de llegar, entrar y establecer contacto para la comunicación con los integrantes del centro preescolar.

Creemos que la educación preescolar es un proceso vivo que cotidianamente se expresa en el contexto del centro y del aula. De tal forma, que la evaluación tendría que constituir una mirada atenta, articulada y reveladora de la esencia dinámica y totalizadora del proceso educativo.

A diferencia de la práctica estática y parcial de la evaluación del conocimiento escolar del educando, la cual depende del paradigma desde donde se concibe el aprendizaje y la práctica educativa. Por ejemplo, desde una perspectiva conductista se esperaría calificar midiendo cuantitativamente el conocimiento por acierto y error. Mientras que desde una perspectiva constructivista, reconociendo las limitaciones de la evaluación cuantitativa para determinar el conocimiento del alumno, se recurre a una evaluación comprensiva y cualitativa, sin embargo, en ninguno de los dos casos, se resuelve el asunto de la acreditación formal que exige invariablemente un sistema numérico o alfabético, pera traducir el resultado de la evaluación a un dato puramente cuantitativo.

Reconociendo que ese dato cuantitativo ha sido validado y legitimado socialmente para asignar becas o aplicar la cláusula de exclusión para aquellos alumnos que no cumplen con el requisito del criterio evaluador aprobatorio de la escuela. Aún más, no obstante el discurso educativo hace referencia al proceso enseñanza-aprendizaje, la evaluación se centra exclusivamente en la calificación del desempeño del educando.

Estas observaciones no niegan ciertas prácticas incipientes de la evaluación cualitativa del educando en la que se incluye también la evaluación el desempeño del docente.

Teniendo presente el peso tan importante de la cuantificación en la evaluación del educando, la cual en vez de fungir como facilitador del aprendizaje de los contenidos escolares, en una condición extrema, constituye una amenaza que califica, aplica juicios sumarios y persigue enfatizando lo negativo, con la consecuente represalia de la reprobación. Por lo que, utilizar la misma palabra de evaluación en el contexto de la ‘evaluación de la calidad de la educación preescolar’, significa algo distinto y contrapuesto, caracterizada por una serie de atributos, por lo que la acción de evaluar sería:

          Mirar y escuchar de manera sensible, comprensiva y empática el quehacer educativo en todas sus dimensiones.

          Alentar una práctica de la observación y la auto-observación que conlleve más naturalmente a la evaluación y a la auto-evaluación.

          Capacitar al evaluador en su función de observador participante y no ajeno.

          Promover entre evaluador y evaluado la corresponsabilidad y el compromiso no sólo por el resultado de la evaluación misma, sino también por los procesos involucrados en el quehacer educativo.

          Identificar, valorar y apreciar las fortalezas del observado, evaluado.

          Reconocer que la función de la evaluación no es sólo observar al otro para calificar, obtener datos y difundirlos. Por el contrario, considerar de manera indispensable y prioritaria alentar que los resultados de la evaluación sirvan para alimentar el proceso de permanente cambio del quehacer educativo en su contexto y momento.

          Fortalecer una práctica de la observación y la auto-observación como una característica inherente al proceso del quehacer educativo mediante el acompañamiento a lo largo del proceso mismo.


En suma, la evaluación se constituye como un instrumento necesariamente útil para conocer, retroalimentar y reorientar el cómo llevar a cabo el quehacer educativo.









Autores: Clotilde Juárez-Hernández; Pastor Hernández, Olga Porras, María de los Ángeles Contreras, Elena Negrete, Carmen Hernández, Diana Arellano, Clara Frías, Elizabeth Mora y Mayte de Lassé

Profesores de la Universidad Pedagógica Nacional de México especializados en Educación Preescolar.

Este trabajo es un producto derivado del Seminario sobre la Calidad de la Educación Preescolar, auspiciado por la Universidad Pedagógica Nacional y conducido por Robert Myers y Francisco Martínez, con la participación del equipo de investigación del Programa de Escuelas de Calidad Preescolar en el Distrito Federal, coordinado por Clotilde Juárez Hernández, Profesora titular de tiempo completo de la UPN, responsable del proyecto de evaluación PEC-P DF.
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