lunes, 23 de septiembre de 2013

¿Cuáles son las finalidades últimas de las calificaciones escolares?

¿Para qué existen las calificaciones escolares? ¿Es una manifestación de poder? ¿Es un producto de la sociedad industrial, para clasificar las personas? ¿Inexistencia de una real “cultura de la evaluación”? Reflexiones sobre la evaluación escolar
 


Manifestaciones teleológicas de la asignación de calificaciones
Se exhiben tres manifestaciones teleológicas con cierta claridad referentes al otorgamiento de calificaciones, encubierta o justificada una con la otra:

Primera: La asignación de las calificaciones se utiliza como arma de poder y control. Implícitamente los maestros utilizan este recurso para hacer entender a los alumnos que ellos son los que mandan, que el alumno está ahí para obedecer sus instrucciones, que la única opción del alumno es estudiar lo que el maestro quiere que estudie, que si siguen la norma del maestro el estudiante recibirán el premio reflejado en la calificación aprobatoria. Dicho de otra manera, los docentes indistintamente del contexto y de otras cuestiones, intrínsecamente traen consigo el estigma del dominio del hombre por el hombre, de la ley del más fuerte. Todo ello justificándose en el mandato institucional en donde según Bourdieu “La escuela es...la institución investida de la función social de enseñar y por esto mismo de definir lo que es legítimo aprender”, de tal manera que el único que debe decidir que tanto aprendió el estudiante es el maestro, enmascarando así el “origen y la función social de una autoridad” depositada en el maestro a través de su autoridad pedagógica y aceptada por éste.

Segunda: La asignación de calificaciones es un producto propiamente de la revolución industrial, legitimada por la sociedad en su conjunto para clasificación de los seres humanos en buenos, regulares y malos pero que den la apariencia de autoselección. En esta urdimbre era necesario crear instrumentos cada vez más sofisticados, rápidos y que fuese de conveniencia para todos los involucrados, que se aceptaran sin convulsiones sociales, de tal manera que los deseosos de accesar a mejores condiciones de vida, vía el estudio, admitieran sin reclamos los resultados emitidos por un calificador externo como aptos o no aptos para continuar hacia un nivel superior; dicho en otros términos, se escuda y se acepta una especie de darwinismo social, el cual es muy peligroso, pues según Jurjo Torres: “En la selección y legitimación de los conocimientos, destrezas y hábitos de cada persona, vía una modalidad de examen como ésta, se llega a aceptar implícitamente que no todo el mundo tiene por qué tener éxito y que es   que algunos fracasen”.

De tal manera que la vía más viable que se encontró para esa selección del más fuerte y del más apto fueron los exámenes y el más indicado para elaborarlos, aplicarlos y revisarlos era el docente, de tal suerte que, éste fue y sigue siendo el responsable de asignar la nota final, por tanto fue necesario interiorizar en el maestro este instrumento como el único capaz de dar cuenta si su trabajo estaba dando resultados de forma sencilla, fácil y económica, pero que a la vez respondiera a las necesidades de quien contrata sus servicios como docente. Pierre Bourdieu expresa lo teleológico del examen de la siguiente manera: “...el examen no es solamente la expresión más visible de los valores escolares y de las opciones implícitas del sistema de enseñanza...ofrece uno de los instrumentos más eficaces para la empresa de inculcación de la cultura dominante y del valor de esa cultura”.

La finalidad de esta ideología es hacer entender al estudiante que una nota llamada calificación es solamente producto de su aptitud y que por tanto debe de aceptarlo como natural, legitimándose la cultura de la evaluación reflejada en notas llamadas calificaciones, pero que ocultan la verdadera intención.

Tercera: No obstante de la urdimbre que se ha venido entretejiendo, la cultura de la evaluación entre los docentes sigue brillando por su ausencia y la asignación de calificaciones, la mayoría de las veces de forma arbitraria e injusta, sigue dominando el campo de la evaluación, pues desde la perspectiva fenomenológica, se percibe que existe un rechazo por parte de maestros hacia el concepto y constructo mismo de evaluación y calificaciones y al mismo tiempo, una negación de lo equivocado del mismo. La parafernalia expuesta ya de la asignación de las calificaciones o de la evaluación, obedece a la inmanencia inconsciente de alumnos y maestros a querer ser etiquetados con números por un lado y por el otro, a la negativa del dominio a través del mero número.

Otra situación interesante que exhibe con mucha claridad el escenario exhibido, es que los alumnos no obstante de haber aceptado ser calificados, rechazan contundentemente el método de asignación de las calificaciones utilizado por los maestros; es decir, aceptan la evaluación o las calificaciones pero por el simple hecho de que la sociedad considera motivo de orgullo el tener registradas altas calificaciones en el expediente de cada alumno, sin exigir nada más que eso para certificarlo moralmente como una persona competente y con conocimientos. Esta situación solo se refleja en el estudiante hasta el momento en que se encuentran frente a un número signado en una nota valorativa. Esta aceptación/rechazo puede interpretarse como un descubrimiento intuitivo del alumno en cuanto a conciencia vital y en cuanto a causa de pérdida de libertad como ser ontológico en busca de reconocimiento como un ser humano y no a través de las notas numéricas denominadas calificaciones, pero que sucede psicológicamente en el alumno cuando esta ante el impacto de un número alto o bajo, que pasa por su mente, en qué o en quién piensa en ese momento, eso forma parte otra historia.



Extraído de
LAS CALIFICACIONES, ¿CONTROL, CASTIGO O PREMIO?
Jesús Rivas Gutiérrez Universidad Autónoma de Zacatecas, México
José Ruíz Ortega Escuela Preparatoria “Candelario Guisar”, México

1 comentario:

Freddy Miguel Novoa dijo...

Buf,cuanto discutì con los profesores por esto,para mí no deberían existir,una vez me dijo el de geografìa e historia "Sobresaliente" y le espeté "y de qué me vale,si mañana no me acordarè de nada" se quedò planchado, se deberìa estudiar sobre todo para saber,no sólo para aprobar,pero desgraciadamente nunca ha sido así

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