miércoles, 11 de septiembre de 2013

Más sobre la adicción a las calificaciones escolares


El régimen de calificaciones forma parte de la vida escolar, en ningún otro ámbito se puede ver algo similar ¿Qué contradicciones son naturalizadas? ¿Miden realmente el saber del alumno? ¿Está relacionada con las finalidades enunciadas de la escuela?
 


En ningún ámbito de la vida es aceptable dar la apreciación de una persona con cifras numéricas.
En el caso, por ejemplo, de una consulta médica imaginemos la escena después del chequeo realizado por el doctor:

- Dígame Doctor, ¿qué tengo?
- 7
- ¿?

¿Qué pensaríamos de una respuesta así?, o de otra un poco "más explícita":

- Tiene usted, 6 en hígado y 7 en capacidad pulmonar.
- ¿?

O un médico "muy actual":

- Señor, ¡lo felicito!, usted tiene MB en su aparato digestivo pero desgraciadamente sacó un NA en su sistema óseo.
- ¡Pero, cómo doctor si lo único que me duele es la rodilla izquierda y eso fue porque…
- Lo siento, lo siento, eso es lo que hoy se examinó y en definitiva lo que realmente es importante. Para eso usted está aquí, para que yo le dé mi evaluación. Todo eso que usted siente o lo que le haya pasado, no importa tanto, mire, échele ganas y vamos a ver si para la próxima cita alcanza un mejor resultado.
- ¿?

Y, por si fuera poco, al llegar a su casa, ¡¡lo regañan y lo castigan por el diagnóstico del médico!!

Al recoger unos exámenes de laboratorio, determinados en valores numéricos, acudimos de inmediato al médico para que nos haga el diagnóstico con su apreciación clínica y nos dé toda la explicación referente a nuestro estado de salud. Pues los números inscritos en la hoja del laboratorio poco o nada nos dicen.

Ahora, imaginemos esas mismas respuestas numéricas absurdas ante un psicoterapeuta, un guía espiritual, una madre o padre de familia, un amigo, un esposo o una esposa... Absurdo, ¿verdad?

Si absurdas nos parecen dichas "respuestas numéricas" venidas desde un técnico que ha realizado el diagnóstico de una licuadora o una televisión, si en la vida cotidiana exigimos siempre explicaciones, apreciaciones, evaluaciones y nunca nos conformaremos con una cifra, ¡Qué tan absurdo es el hecho de emitir un juicio respecto a una persona y cuánto más será el hacerlo numéricamente!

Pues bien, todos estos "absurdos" se legalizan únicamente en la escuela.

Ahí sí es válido. Ahí sí se pueden emitir juicios. Juicios ¡hasta de niños que no se conocen!

…Así sucedió, y soy testigo de ello, en una ocasión cuando la maestra de 5.º de una escuela primaria, le mandó hablar con cierta urgencia a una mamá:

- Señora, ¡estamos en el mes de enero y desde hace más de tres meses usted no se ha presentado a las juntas de entrega de calificaciones del niño M P, número 36 de la lista, ¿está usted enterada de lo mal que va su hijo? Está reprobado en Español y en Historia y aunque en las otras materias va más o menos, no le aseguro que pase el año.
- Maestra, el niño M P se llama Luis Manuel y no es mi hijo, es mi sobrino, él es huérfano de mamá. ¿No estaba usted enterada? y ¿no está usted enterada que desde el mes de noviembre Luis Manuel no ha asistido a la escuela ya que enfermó de Hepatitis Infecciosa de la que no ha podido recuperarse?. Avisé en su oportunidad en la dirección y hablé con usted personalmente, ¿no lo recuerda?. No entiendo maestra, ¿cómo le habrá hecho usted para que las notas del niño número treinta y seis de la lista sean aprobatorias en las áreas de: Matemáticas, Ciencias de la Naturaleza, Geografía y Civismo?...

¡El colmo de lo indigno, ni siquiera identificar a un alumno, no conocerlo ni por su nombre!

¡Hasta ahí hemos llegado! Hasta ahí "se nos han metido" las cifras.

Han transgredido nuestra conciencia, nuestra vida interior, el sentido de la moral, del bien y del mal, de la dignidad de nuestra vida. Nos han hecho, por un lado, dependientes patológicos de "un dictamen" externo para poder actuar y por otro, nos han convertido, perversamente, en emisores de juicios hacia los demás.

Como el hecho de anotar un 10 en una boleta en el recuadro del área de Ciencias de la Naturaleza a un alumno porque "no tuvo ningún error" en los datos escritos en un examen. ¿Se estará tomando en cuenta para dicha calificación la actitud del niño ante la Naturaleza, ante su entorno?, ¿se le observará en sus acciones cotidianas?: ¿Cómo es la relación que guarda con el medio ambiente y los recursos naturales?, ¿aprovecha el agua o le da lo mismo desperdiciarla?, ¿cuida las plantas o arranca por "juego" sus hojas y pisotea las flores?, ¿respeta a sus compañeros…?

¿Seguiremos pensando que todo esto "no tiene nada que ver" con la "materia" de las Ciencias de la Naturaleza, con Matemáticas o Ciencias Sociales? ¿Seguiremos diciendo que "eso" se califique en conducta porque el examen estuvo "limpiecito"?

¿Hasta cuándo la actitud de vida del alumno va a "tener que ver"?

¿Hasta cuándo vamos a entender que lo importante es que el niño integre las experiencias y los aprendizajes a sus esquemas mentales para que le sean significativos y pueda lograr la formación de nociones que se transformen "sustancias" del conocimiento y se traduzcan en definitiva en una forma de vida que lo lleve cada día a ser una mejor persona?

Cuántas veces hemos llegado a pensar que los exámenes y las calificaciones son factores inherentes a la acción educativa. Esto es completamente falso.

Centrar el proceso escolar de la enseñanza-aprendizaje en el examen y en la calificación es un hecho que ha contribuido al empobrecimiento de la cultura, que es el saber auténtico. Todos sabemos que "legalmente" un examen es el instrumento que mide los conocimientos y tiene por resultado una calificación o nota numérica, la que tiene la suficiente validez administrativa para acreditar o desacreditar a un estudiante.

Me atrevo a afirmar que un examen no indica, "a ciencia cierta" cuál es el SABER de una persona y mucho menos puede validar que esa persona sea definida por un número y que el futuro de su vida dependa de una estadística.

"Lo único que realmente se puede afirmar de un alumno que contesta correctamente una pregunta de geografía es, eso mismo: que ese alumno contestó esa pregunta de geografía" (Lobrot).

Derivar de ahí que ese muchacho SABE geografía es algo que no se desprende lógicamente de una respuesta escrita en un examen. Los filósofos de la ciencia establecen serios cuestionamientos respecto a si existe, o no, sólo una forma correcta de responder una pregunta.

El examen se ha convertido para las autoridades educativas, para los maestros, para los padres de familia y para los estudiantes, en un instrumento en el cual se deposita la esperanza de mejorar el nivel académico de su país. Como si la enseñanza, el aprendizaje, el examen y la calificación constituyeran, entre sí, principios y causas de una relación indisoluble. Como una acción mágica: a mejores sistemas de evaluación, mejores sistemas de enseñanza. Esto también es falso.

Por esta razón los resultados son, casi siempre, desalentadores ya que al tener la mira puesta en los exámenes y en las calificaciones, nos hemos olvidado de: conocer, estudiar y arrostrar los verdaderos problemas de la tarea educativa.

Nos hemos olvidado de estudiar y descubrir la verdadera naturaleza de los procesos mentales que le permiten al hombre aprender, conocer, saber…

Nos olvidamos que el principal objetivo de la escuela no es que los alumnos aprendan a repetir las cosas que han repetido todas las generaciones pasadas, es promover a cada ser humano a ser creador de su propio pensamiento de manera que logre ser dueño de una mente crítica y que sea una persona más consciente y responsable de sus posibilidades, de sus procesos y de los resultados de sus aprendizajes.



Autora: Olga Moreno De Gama
Licenciada en Pedagogía, con especialidad en Educación Personalizada.
Coordinadora de una escuela primaria en León Gto., México

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