lunes, 7 de octubre de 2013

¿Para qué sirven las notas en las escuelas?



Las notas o calificaciones escolares tienen otros sentidos, más allá de los enunciados ¿Cuáles son? Muchas veces parecen ser el fin de todas las actividades ¿Se discute al respecto? Como siempre los supuestos sociales nos resultan invisibles, los hemos naturalizados. Los siguientes párrafos, nos brindan una mirada profunda sobre el tema, y nos pueden ayudar a desocultar aspectos importantes.


La calificación enfocada al problema, perdiendo las soluciones
Al hacer un intento por traslapar o yuxtaponer expresiones de la información en relación a las calificaciones, encontramos reiteradamente que la evaluación concretada en un signo o símbolo denominado calificación ha servido para:

·      Sustituir la cultura pedagógica por la cultura de la “calificamanía” o mejor conocida como la pseudo cultura de la evaluación.
·      Ocultar la verdad de la intención de alienantes y alienados.
·      Conservar el poder y control tanto a nivel individual como grupal.
·      Insertarse como parte de un proyecto que ve al ser humano como un objeto más en el espacio y proceso de producción.
·      Legitimar el racismo y la discriminación entre seres humanos.
·      Evidenciar que fue el resultado de un proceso de transformación social que la industrialización monopolizó para su beneficio exclusivo.
·      Indicarnos que las instituciones educativas del mundo cayeron en la trampa que impide discutir realmente los grandes problemas de la educación.
·      Quedarnos atrapados en esta trampa, autoridades y docentes por largos períodos sin dar oportunidad a las innovaciones pedagógicas.

Por lo tanto, “...cada sistema de enseñanza institucionalizada debe las características específicas de su estructura y de su funcionamiento al hecho de que debe producir y reproducir, a través de los medios propios de la institución, las condiciones institucionales cuya existencia y persistencia son necesarias tanto para el ejercicio de sus funciones propias...como para la reproducción de una arbitrariedad cultural...cuya reproducción contribuye a la reproducción de las relaciones entre los grupos y las clases”.

Significa que el sistema educativo quizá sin desearlo, ha provocado con el procedimiento actual preconizado de la asignación de una calificación como signo o símbolo que acredita, califica o certifica los “saberes” del estudiante como parte del proceso de evaluación un resultado inverso, es decir; los estudiantes también al verse sometidos a ese proceso de ideologización, han construido los mismos esquemas conceptuales y conductuales que el sistema, la escuela, los maestros y los padres han reproducen de generación en generación, originando en ellos una preocupación superior por un número mayor al seis que por aprender o apropiarse del conocimiento; su atención se centra en el problema que representa el como acreditar, olvidando que sería más sencillo y más tranquilo su transitar por el plantel educativo si se enfocara en realmente aprender, situación que le permitiría en determinado momento tener los argumentos y los elementos necesarios para cuestionar y/o debatir una calificación incorrecta; de otra forma, seguirá sucediendo lo que acontece día a día dentro de los salones de clase, el alumno se resigna a la calificación justa o injusta, otorgada por el maestro, en base al número de aciertos obtenidos, sin la posibilidad de cuestionarla por el hecho de carecer de elementos y fundamentos; Jurjo Torres Santomé dice al respecto:

Esta peligrosa y errónea concepción de los exámenes o evaluaciones, reducidos a ser los únicos objetivos de la escolarización, puede ser la explicación única o parcial o las dificultades encontradas a la hora de introducir innovaciones en los contenidos y en las estrategias de enseñanza y aprendizaje en las aulas...El arma magisterial por excelencia es el temido y odiado examen. Un medio académico útil para demostrar...no lo que se sabe, sino lo que se puede escribir...esta modalidad de evaluación tiene mucho que ver en el progresivo sentimiento de repulsión hacia la cultura, los libros...que adquiere un sector importante de estudiantes...Este odio...encuentra su más significativa manifestación en el fracaso escolar y en la deserción” .

Es sumamente interesante observar como la información obtenida en este trabajo de análisis coincide con lo expresado por los teóricos, en el sentido de que hay un enfoque incorrecto en relación a la utilidad y función de los exámenes y las calificaciones dentro de los procesos de evaluación; en que hasta el momento no existe una explicación lógica y convincente del porque se le debe de dar tanta importancia a las calificaciones, tanto que hasta el discurso oficial también carece de argumentos de peso que justifiquen su razón de ser, su utilidad y beneficio positivo en el proceso educativo. También la retórica educativa se ha enfocado meramente al problema de la valoración rápida e incuestionable para poder segregar, estratificar y eliminar sin cargo de conciencia ni protesta individual ni social, centrándose solamente con ello en la solución al problema de infraestructura insuficiente, financiamiento improductivo y rol de clase, olvidando que cuando se enfoca en el problema es difícil ver las soluciones más allá del problema mismo, es decir, la famosa crisis educativa.

Encontrar una explicación al fenómeno referido de las calificaciones, posiblemente se encuentre en la escasa profesionalización del docente y de la docencia misma que se realiza, enfrentar una situación tan inevitable y tan compleja, pero a la vez tan necesaria y trascendental como lo son las calificaciones, es mucho más problemático cuando se carece de un interés y una motivación para realizarlas de una forma ética y moral o porque posiblemente sólo se conoce una forma de hacerlo, que es la forma tradicional, es decir, tantos aciertos en tu examen escrito, tanto de calificación, si me caíste bien o mal, ya veremos, si no me obedeciste o fuiste sumiso conmigo, tendrás tu castigo o tu premio; como se refirió anteriormente, posiblemente la respuesta y parte de la solución este en la profesionalización de la docencia.



Extraído de
LAS CALIFICACIONES, ¿CONTROL, CASTIGO O PREMIO?
Jesús Rivas Gutiérrez Universidad Autónoma de Zacatecas, México
José Ruíz Ortega Escuela Preparatoria “Candelario Guisar”, México

1 comentario:

Ana I. Sanso dijo...

Eso pienso que debe profesionalizarse al docente. Antes, en la época de mis papas los docentes primarios y secundarios eran licenciados en filosofia y letras, en educación......ahora son jovenes que sin vocación ni convicción apenas terminan el secundario y recurren a una profesion que si bien a la larga los supera en principio les trae muchos beneficios. Claro que no lo digo por todos ! Me alegra que alguien se esté preocupando seriamente de ello

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