lunes, 13 de julio de 2020

“En educación se puede medir casi todo si hacemos las preguntas adecuadas”

  • Detectar el éxito o fracaso de la acción educativa es el primer paso. Después hay que interpretar los datos y convertirlos en iniciativas que atiendan a cada contexto y sean asímismo evaluables. Hablamos con Maryanna Abdo, managing director del Centre for Evidence and Implementation, sobre este flujo constante que retroalimenta el vínculo entre investigación y práctica educativa.

Con sede en Australia, Singapur y Reino Unido, el Centre for Evidence and Implementation asesora a gobiernos y organizaciones de todo el mundo en la mejora de servicios como la educación o la salud. Su fórmula combina la investigación con pautas precisas para transformar lo que nos dice la ciencia en prácticas de éxito. En ese aterrizaje de los números en el mundo real, la adaptación al contexto emerge como la condición que marca la diferencia.

Hablamos con Maryanna Abdo, su managing director. Nacida y educada en EEUU, Adbo vive en Asia desde hace casi una década. Allí ha desarrollado diversos proyectos en los que su preocupación por los más desfavorecidos aparece como constante. La estadounidense participa en el próximo congreso digital de WISE, que se celebra entre el 23 y el 25 de este mes. En su cuenta de Twitter, Abdo se define como education nerd.

Vemos en los últimos años una especie de fiebre por las evidencias en educación. ¿Existen factores que han desencadenado esta tendencia?
Sin duda hay un interés creciente por saber qué funciona y qué no. Pienso que aquí han cobrado un papel relevante los Objetivos del Milenio en cuanto a acceso universal a la educación. Muchos países lograron grandes avances en la primera década del siglo construyendo escuelas, pero ahora las cifras aumentan levemente o se han estancado. Solo construir más escuelas ya no funciona, especialmente en zonas rurales o entre las niñas. Y ahora las autoridades educativas y los que financian la ayuda internacional quieren tomar decisiones a partir de la investigación, de estudios rigurosos que demuestren la efectividad de sus medidas.

¿Abundan también los estudios sobre rendimiento en esas nuevas escuelas de países en vías de desarrollo? Entiendo que no es solo un problema de cantidad, sino de calidad.
Sí, se está haciendo un gran esfuerzo por evaluar los resultados. Y en muchos casos, las cifras muestran deficiencias, con porcentajes significativos de alumnos que no alcanzan un nivel mínimo en conocimientos básicos.

Medir el acceso a la educación o el aprendizaje en matemáticas o lectoescritura resulta relativamente fácil. Pero la cosa se complica cuando el objeto de estudio se centra en competencias como el pensamiento crítico, la capacidad de síntesis o la creatividad.
Se puede medir casi todo, siempre y cuando se hagan las preguntas adecuadas. Si queremos saber si una práctica aumenta la creatividad, quizá no sea de gran ayuda fijarnos en las notas de exámenes. Pero sí podemos indagar sobre el interés artístico de los alumnos o el número de vocaciones en esa dirección.

Tu organización destaca la importancia de saber cómo implementar, mediante prácticas concretas, lo que nos dice la ciencia.
Hemos calculado que se necesitan hasta 17 años para transformar una evidencia en una práctica de éxito. Aspiramos a acortar ese tiempo.

Uno de los grandes retos en la implementación pasa por adaptar buenos programas a otros contextos educativos. Algo puede funcionar en un sitio pero no en otro. De hecho, varios organismos [EduCaixa en España] apuestan por sintetizar en meta-análisis los resultados de diferentes estudios sobre un mismo tema.

Varios factores influyen en el proceso: los currículos nacionales, el enfoque pedagógico, la geografía, variables culturales… Por eso es tan importante saber no solo qué queremos hacer, sino también qué condiciones contribuyen a su éxito. Te pondré un ejemplo, en este caso del sector salud. Un país occidental intentó exportar un modelo de mejora sanitaria -basado en la atención domiciliaria- a otro país asiático. No funcionó, en buena medida por las diferentes relaciones paciente-doctor y las reticencias a recibir atención en casa.

¿Ayudaría también acercar a los profesores a los métodos y técnicas de la investigación?
Sin duda. Hemos llevado a cabo recientemente un estudio sobre el uso de las evidencias entre los profesores australianos. Las conclusiones apuntan a un gran margen de mejora en áreas como el acceso a los propios recursos de investigación educativa o la capacidad del docente para identificar evidencias robustas.

¿Existe resistencia entre algunos profesores a la hora de cambiar su metodología a la luz de la ciencia?
Me cuesta pronunciarme porque no tengo un contacto frecuente y directo con la primera línea en las escuelas. Pero percibo un gran entusiasmo. Al final, todos queremos hacer bien nuestro trabajo, y estamos abiertos a recibir información que nos ayude a mejorarlo.

Para evaluar sistemas educativos en su conjunto, primero hemos de tener más o menos claro para qué queremos educar. Y los fines de la educación no siempre se nos presentan tan obvios. ¿Complica este eterno debate el diseño de buenas investigaciones?
Este tipo de tensiones y visiones divergentes se dan en la mayoría de sistemas educativos. Quizá por ello hemos observado que algunas de las evidencias más sólidas proceden de un nivel menor, a escala escolar o red de escuelas.

¿Podrías citar alguna práctica educativa que en principio suena bien pero la ciencia se haya ocupado de desterrar?
No pertenece exactamente al ámbito escolar, pero sí a la educación en sentido amplio. Hay un programa que utilizan en EEUU para disuadir a adolescentes con delitos menores de que sigan por el mal camino. Se llama Scared straight [algo así como Asustado de golpe] y consiste en visitas a prisiones de adultos donde los presos les explican lo que allí les espera si finalmente acaban ingresando. Se trata básicamente de meterles miedo para encauzarles. Parece una excelente idea, ¿no? Pues las evidencias demuestran no solo que no tiene un impacto positivo, sino que puede aumentar la probabilidad de terminar en la cárcel. No sabemos exactamente por qué ocurre esto. Puede ser porque algunos chavales de entornos deprimidos ven la vida en la cárcel como una opción atractiva, con tres comidas al día y un techo. O por la mala influencia que ejercen sobre ellos los presos con quienes tratan durante las visitas. No lo sabemos. Pero la moraleja del cuento se antoja clara: lo que suena bien no siempre está bien.
Lo verdaderamente innovador en educación es hacer cosas que sabemos que funcionan y hacerlas bien

¿Es la educación un campo especialmente fértil para lanzar propuestas con un bonito envoltorio y escaso fundamento?
Creo firmemente que la innovación tiene un enorme potencial transformador, y para innovar hay que arriesgar. Pero te diré algo que mi jefe asegura con frecuencia: lo verdaderamente innovador en educación es hacer cosas que sabemos que funcionan y hacerlas bien. Sean estas innovadoras o tradicionales. ¿Por qué distraernos con el brillo de la última novedad cuando a veces ni siquiera hemos intentado lo que ya sabemos con certeza que funciona?

A veces el debate tradición/innovación se plantea como si fueran opciones incompatibles. Hay estudios que reconcilian ambas posturas y concluyen que innovar es bueno, pero solo cuando el alumno ha asimilado una buena base de conocimiento, que quizá haya que enseñarle mediante metodologías clásicas.

Algo similar ocurre con la relación entre competencias digitales y socioemocionales. Cada vez hay un mayor consenso en cuanto a que el potencial de las primeras solo se puede desarrollar plenamente cuando el alumno confía en su capacidad para pensar críticamente y se siente cómodo colaborando y trabajando en equipo.

¿Qué podemos esperar en el futuro próximo de la investigación educativa? ¿Habrá campos de análisis predilectos?
Por razones obvias, la educación a distancia será uno de ellos. O la falta de medios tecnológicos para acceder a ella y cómo estas carencias influyen a la hora de que muchísimos alumnos se alejen, puede que definitivamente, de la escuela. El otro día escuché en una conferencia virtual que, durante el confinamiento, solo el 25 % de alumnos en India han dispuesto de tecnología para continuar aprendiendo. También se dijo que, durante la crisis del ébola, en Liberia se triplicó el porcentaje de alumnos sin escolarizar. Son datos terribles que requieren respuestas, y la investigación puede contribuir a dar las más efectivas.

En tu cuenta de Twitter te defines como education nerd [de difícil traducción, en castellano nerd sería una mezcla de empollona, pringada y obsesa]. ¿Qué implica ser una education nerd?
[Risas] Pienso que el sector educativo es el más interesante, con tantas variables, tan complejo y apasionante. Vivimos además un momento de cambio que lo hace aún más fascinante. Flujos de estudiantes internacionales, nuevas competencias para un futuro incierto… Podría hablar horas y horas sobre mi pasión por la educación, pero no creo que proceda. [Risas]




Por Rodrigo Santodomingo
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jueves, 9 de julio de 2020

El error, la docencia y la enseñanza

En las aulas, maestros y maestras, profesoras y profesores; cometen errores y equivocaciones que no ponen en duda su idoneidad para estar frente a sus estudiantes; sino que ponen en evidencia su condición de seres humanos. Aunque haya quienes al error de un docente lo califiquen de “animalada” o consideren “animal” a quien lo comete, ya sabemos que errar es humano. Es que errar es una posibilidad siempre presente en la reflexión y en el pensamiento y, por ende, es parte de todo proceso de aprendizaje.


En este contexto de virtualización obligatoria de los espacios de enseñanza, quienes tomamos la palabra y ponemos el cuerpo frente a las cámaras de un estudio de televisión o de una computadora en una plataforma de encuentro quedamos expuestos. Así sucedió con las docentes que cometieron los errores que esta semana se viralizaron. Son numerosos los referentes del ámbito académico que reconocen, lógicamente, haber cometido algún error en sus clases.

Considero importante que nos detengamos a reflexionar sobre los discursos estigmatizantes y autoritarios que surgieron en estos días. Puntualmente, sobre lo que esos discursos transmiten y enseñan. Tratar a un docente como “un animal” es un gesto de violencia y de descalificación que alimenta una manera de situarnos en el mundo. La escuela no sólo educa en función a contenidos curriculares sino también en valores, como el respeto por el otro.

Sin entrar en la discusión sobre la formación docente --un tema clave en la mejora de la educación que está de manera concreta en la agenda del gobierno antes, durante y después la pandemia-- creo que es necesario revisar la idea del error y las consecuencias negativas de su estigmatización. No sólo desde el punto de vista del docente, sino también en relación al clima y las condiciones de enseñanza que se brindan a las y los estudiantes para su desarrollo.

El gesto de maestras y maestros que, a partir de un error, se corrigen y con humildad recuperan esa situación enseña a sus estudiantes mucho más que lo que hoy las redes sociales y los medios de comunicación enseñan al reproducir la intolerancia, el autoritarismo y la soberbia. Porque también sabemos que los medios, más allá del programa Seguimos Educando, educan cotidianamente. Y por eso es lamentable ver la falta de respeto a una docente que para muchos niños, niñas y jóvenes está siendo parte de su educación.

La enseñanza conlleva una responsabilidad ética. Al burlarse y criticar a una docente que comete un error se transmite un discurso violento. Como sociedad tenemos que aprender a respetar a quien se equivoca. Sólo perdiendo el temor a la equivocación durante el proceso de enseñanza-aprendizaje podemos habilitar la aparición de la creatividad y el surgimiento de ideas nuevas y superadoras. 




Por Por Mara Brawer

martes, 7 de julio de 2020

N Chomsky: Evaluación vs. Autonomía

Ha habido, en los últimos tiempos particularmente, una estructuración cada vez mayor de la educación, que comienza a temprana edad y contínúa luego, y que funciona a través de exámenes.


Pasar exámenes puede ser de alguna utilidad tanto para la persona que está pasando el examen -para comprobar cuánto sabe, lo que ha logrado, etc- como para que los instructores se den cuenta qué es lo que hay que cambiar, mejorar, en el desarrollo del curso. Pero más allá de eso no dicen mucho.

Lo sé por mi experiencia de años, he estado en comités de admisión a programas de posgrado avanzado, tal vez uno de los programas más avanzados del mundo, y sí, desde luego, ponemos atención a los resultados de exámenes, pero realmente no mucha. Una persona puede tener resultados magníficos en todos los exámenes y entender muy poco. Todos los que hemos pasado por escuelas, colegios, universidades, sabemos eso. Se puede estar inscrito en un curso que no nos interesa para el que existe el requerimiento de pasar un examen, y se estudia para el examen, se logra pasarlo con la mejor nota y, dos semanas más tarde, no nos acordamos de mucho. Estoy seguro que todos hemos tenido esa experiencia.

Los exámenes pueden ser una herramienta útil si contribuyen a los fines constructivos de la educación, pero si sólo se tratan de una serie de obstáculos que hay que superar pueden no tanto carecer de sentido como distraernos de lo que queremos hacer. De hecho veo esto frecuentemente cuando hablo con profesores: hace un par de semanas estaba yo hablando con un grupo que incluía profesores de escuela y había una profesora de 6º grado, es decir, con alumnos de 10 a 12 años, que vino a hablar conmigo luego y me dijo que en su clase una niña le contó que estaba realmente interesada en un tema: le pedía consejo para aprender más al respecto, pero la maestra se vio obligada a decirle que no podía hacer eso, porque la niña debía estudiar para un examen a nivel nacional que se acercaba y que eso iba a determinar su futuro; la profesora no lo dijo, pero también iba a determinar el de ella, es decir, eso influiría para que la contrataran de nuevo.

Ese sistema no es sino una preparación de los niños para pasar obstáculos, no para aprender, entender y explorar. Esa niña hubiera ganado mucho más si se le hubiera permitido explorar lo que le interesaba y tal vez no sacar una muy buena calificación en un examen de algo que no le interesaba.

Buenas calificaciones vienen por sí solas si el tema coincide con los intereses y preocupaciones del alumno. No digo que los exámenes deban eliminarse, pueden ser una herramienta educativa útil. Pero complementaria, algo que ayude a los estudiantes a mejorar por sí mismos, o para los instructores u otros que necesitemos saber acerca de lo que hacemos e indicarnos lo que debemos modificar.

Pasar exámenes no se puede ni comparar con buscar, investigar, dedicarse a temas que nos atraen y nos estimulan; esto último es mucho más práctico que pasar exámenes. Y, de hecho, si se nos da la oportunidad de este tipo de carrera educativa, el estudiante recordará lo que descubrió.

Un físico mundialmente famoso, aquí en el MIT daba, como muchos catedráticos, cursos a estudiantes nuevos. Un estudiante le preguntó qué temas se iban a cubrir durante el semestre y su respuesta fue: «No importa lo que se cubre, sino lo que se descubre». Y es correcto: la Enseñanza debe inspirar a los estudiantes a descubrir por sí mismos, a cuestionar cuando no estén de acuerdo, a buscar alternativas si creen que existen otas mejores, a revisar los grandes logros del pasado y aprenderlos porque les interesen.

Si la Enseñanza se hiciera así los estudiantes sacarían provecho de ello, y no sólo recordarían lo que estudiaron sino que lo utilizarían como una base para continuar aprendiendo por sí solos.
Una vez más: la educación debe estar dirigida a ayudar a los estudiantes a que lleguen a un punto en que aprendan por sí mismos, porque eso es lo que van a hacer durante la vida, no sólo absorber información dada por alguien y repetirla.




Fuente de la Información: https://rebelion.org/el-objetivo-de-la-educacion-la-deseducacion/


jueves, 2 de julio de 2020

Sobre el error docente y su exposición en la tele ¿Cómo evaluamos?

La maestra de antaño ha vuelto
En los últimos días volvió a ser materia de opinión la labor docente. En el ciclo educativo Seguimos educando de la TV Pública, una maestra escribió una multiplicación con números decimales, agregó un cero y llegó a un producto erróneo. Acto seguido, corrigió la resolución. Rápidamente circularon otros errores del mismo programa televisivo y al ritmo vertiginoso de las redes sociales el escarnio se hizo viral y la escena escolar se tornó, como en otras ocasiones, una arena de disputa.


Lo que a simple vista fue una equivocación, supone otras dimensiones que van de lo pedagógico a lo político y que tienen un formato inédito y original: la televisación en vivo de la rutina escolar.

En este contexto de educación virtual, vuelve el debate sobre el borramiento de los límites entre lo privado y lo público, la frontera entre la exposición y el anonimato. La docente desarrolla su clase frente a cámara administrando tiempo y espacio bajo otras normas. La cadencia, la progresión de contenidos, los silencios, miradas, y dimensiones espaciales. Las formas espacio temporarias de la escuela presencial distan sustancialmente de las de un estudio de TV. Por dar un caso, en la interacción del aula el único “jurado” directo es el alumnado. Quienes corrigen, opinan o marcar un error son ellos; no la platea volátil de televidentes y foristas. No obstante, a pesar de los furcios –lógicos de cualquier oficio terrestre- y del carácter “ficcional” del ciclo, las docentes de Seguimos educando siguen puliendo su didáctica y la propuesta masiva es cada vez más “cálida”.

El todo por las partes
Del ataque ridículo a la maestra, a la necesaria réplica por parte de docentes y especialistas. Inclusive la descarga alusiva del Ministerio de Educación de la Nación. En la defensa vino incluida una invitación a resignificar el “error” poniendo de relieve su status en el método pedagógico y en consecuencia, en el proceso de aprendizaje.

Cada vez que una maestra falla, se pasa a revisión la idoneidad del colectivo y por efecto transitivo, la consistencia de la formación docente. 

Del otro lado, quienes envisten contra la docente, son parte de ese fenómeno que no sucede en otras profesiones y sí en la educativa: el todo por las partes. La crítica al desempeño individual es siempre un tiro por elevación a la comunidad educativa, al sistema o a las autoridades de la TV Pública. Incluso al mismo Ministerio de Educación. Posiblemente las réplicas también se organicen en esta lógica; hoy en defensa del “error”, ayer por la demonización de un dirigente gremial, mañana, tal vez, cuando sindiquen de vagos – una vez más- a los trabajadores.

Esta pluralización trasciende el formato televisivo. Cada vez que una maestra falla, se pasa a revisión la idoneidad del colectivo y por efecto transitivo, la consistencia de la formación docente. Nunca está de más recordar que en el medio está la educación de lxs más chicxs, lo cual hace más dramático el tono de las disputas.

Sin ánimos de autocomplacencias, resulta interesante pensar cómo se van armando las representaciones sobre el oficio de educar según cada época.

Postales de época
Toda profesión tiene una génesis y una narrativa. Entre las artes, el cine y la TV refuerzan el imaginario nacional. La trama educativa nos devuelve hoy una imagen incompleta, en progreso, que se va haciendo, que padece siempre las incontinencias del contexto. Si miramos a la largo de la historia encontramos otras imágenes con las que se piensa al magisterio.

La representación de la maestra abnegada que enseña y cuida pervive hoy en la imagen nacional. Hablamos de una tipificación de época que sigue “proyectando” un ideal y que viene e nuestra sociedad desde la génesis sarmientina.

Esa maestra movida por la vocación tuvo históricamente un componente “duro” relacionado a la autoridad inobjetable del saber y otro componente “blando”, el aspecto moralizador: la segunda madre, la señorita correcta y pasiva. Evidentemente hoy esos componentes han cambiado, sin embargo la expectativa de un sector de la sociedad aún guarda un vínculo con los orígenes del oficio. Si bien Seguimos educando es un formato experimental -y por ende incomparable-
en Juvenilia (1943) o encarnizada en la cándida Jacinta Pichimahuida, las representaciones de cada época también tuvieron su correlato en la TV y el cine.

La idolatración de la “maestra normal” comienza a mutar a partir de la década del ´60. Emilio Tenti Fanfani explica en profundidad esta transformación y se la atribuye a la modernización de las sociedades occidentales y a la progresiva secularización del oficio del maestro. Fanfani sostiene que sólo una visión de largo plazo permite comprender las imágenes con que se piensa al magisterio, analizando la saga maestro “sacerdote”, “trabajador”, “militante”.

¿Qué pasó con aquel maestro incólume que lograba satisfacer las expectativas sociales? ¿Se extinguió? 
En los ´60 y ´70, la escuela funciona como prisma de la ebullición política y cultural y la docencia empieza a comprometerse -de otra forma- con lo que pasa en el país. En el film El maestro hippie (1969), aparece bien reflejada la tensión entre autoritarismo y cambio generacional. El profesor Montesano (Luis Sandrini), asume un rol fundamental en esa tensión: propicia los espacios en el ámbito educativo para que los estudiantes puedan manifestar sus ideas. Básicamente, un maestro tradicional que incorpora prácticas rupturistas. En Quinto año Nacional (1961) aparece más generalizada esta tensión, pero se avizora una quiebre profundo entre el maestro recto y el flexible.

En el marco de las representaciones la docencia comienza a “mancharse” con otros intereses menos académicos, y la estela inmaculada de la maestra sarmientina comienza a ceder lugar a la maestra-trabajadora. La sindicalización del magisterio en los años 70 vino a reconfigurar una imagen de cara a la sociedad, donde la docencia pasó de ser la hija predilecta del Estado, a ser un trabajo. Aquellas señoritas de blanco radiante empezaron a decepcionar a los sectores más conservadores de nuestro país. Esta imagen de la nueva conciencia política en el magisterio aparece calcada en La deuda interna (1988), un film que muestra el derrotero de una escuela en plena dictadura y el accionar del maestro.

La representación se radicaliza en la primavera alfonsinista. Producto de la pérdida relativa de prestigio, que tuvo como precuela el deterioro del salario y el empeoramiento de las condiciones laborales, la docencia abandona el lugar sacrosanto y se mezcla con las emergencias de su época. Ya desde los años 90 la imagen de la escuela toma otra dimensión, y la militancia orgánicamente educativa se constituye como un modelo posible de rol docente.

Hoy conviven estas representaciones. La del “maestro politizado”, de hecho, aparece en la serie 100 días para enamorarse (2018) donde el maestro invita a sus alumnos de secundaria a reflexionar sobre el bullying y la identidad de género. Sin duda una puesta en ejercicio de la ESI, guión televisivo mediante. Como vemos, hay un universo de nuevas representaciones docentes.
El ataque desmedido contra la docencia, en definitiva, es un mecanismo de defensa de los sectores más conservadores de nuestra sociedad. 

¿Qué pasó entonces con aquel maestro incólume que lograba satisfacer las expectativas sociales? ¿Se extinguió? El magisterio y las instituciones escolares, aunque esto suene extemporáneo, aún conservan rasgos identitarios del modelo educativo de fines del siglo XIX.

El ataque desmedido contra la docencia, en definitiva, es un mecanismo de defensa de los sectores más conservadores de nuestra sociedad. En ese sentido, nunca caminarás sola: siempre habrá una pluralización de los conflictos puntuales y una arena política a la medida.

Más allá de los matices, hay una remembranza poderosa, nostálgica y no por menos violenta, que añora aquella maestra que solo se limitaba a enseñar y cuidar. 





Por Iván Stoikoff
 Docente. Escribe sobre pedagogía y políticas educativas
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martes, 30 de junio de 2020

Evaluación: el asesino silencioso del aprendizaje

Eric Mazur, profesor de la cátedra Balkanski de Física y Física Aplicada de la Universidad de Harvard, aborda el nacimiento y la función de la instrucción entre pares, el método "justo a tiempo" y los peligros que corre el futuro de la educación.


El nacimiento de la instrucción entre pares
Eric Mazur: Aparté un salón de noche, de 7 pm a 10 pm, revisé cada pregunta, y recuerdo llegar a una pregunta, la cual en mi mente era completamente obvia, de hecho, mientras estaba pensando “¿cómo le voy a explicar a mis alumnos la respuesta?” pensé, “es que así es, no hay nada qué explicar”, así de claro estaba en mi mente. Recuerdo haber dibujado en el pizarrón y decir, sabes, esto era comparando dos fuerzas en una dirección par, recuerdo voltear y decir “por la tercera ley de Newton, estas dos fuerzas son iguales”. Para mí, no había nada más que explicar, y yo tenía como cien, no, como 250 estudiantes en mi salón ese año. Recuerdo haber volteado con el dibujo detrás de mí, mirando a los estudiantes, y ver en sus caras que estaban confundidos, pero yo no podía imaginar qué tenía de confuso, así que dije “¿Hay alguna pregunta?”.

Estaban tan confundidos que no podían articular una pregunta, no podían, no podían pensar en palabras, sabes, cuando estás realmente confundido sobre algo, es difícil articular esa confusión, así que, sabes, pensé “bueno, tal vez les confunde que las fuerzas son las mismas pero el efecto es diferente”, así que borré el pizarrón y comencé de nuevo y, en los siguientes 8 minutos, más o menos, di lo que pensé fue la explicación más brillante posible. Así que el pizarrón completo estaba cubierto en dibujos, ecuaciones y estaba todo ahí, sabes, las fuerzas pueden ser las mismas pero los efectos serían diferentes, y volteé pensando “¡esto es genial!”, sabes, ellos se veían mucho más confundidos. Y no tenía idea de qué hacer. Estaba parado ahí, pensando, sabes, “¿cómo puede ser esto?” y ellos estaban haciendo preguntas, pero yo ni siquiera entendía lo que me estaban preguntando, ¿verdad? Porque su vocabulario era diferente al mío, así que no sabía qué hacer, pero sabía una cosa: sabía que la mitad de los estudiantes me habían dado la respuesta correcta en el examen.

Así que, en un momento de desesperación, les dije “¿Por qué no lo discuten entre ustedes?”, y lo que pasó fue increíble: completo y absoluto caos. Ok, digo, todos empezaron a hablar, se olvidaron de mi frente al salón, y lo que fue más sorprendente fue que en dos minutos ya lo habían resuelto, podías ver a los estudiantes ir, hablar y luego decir… y, por un momento, me sorprendió, pensé “¿cómo puede ser? Yo, el experto, he intentado explicarlo en dos modos diferentes, por como 10 minutos, ¿y ellos lo hablan dos minutos y lo entienden?”.

Pero imaginemos que tú y yo estamos sentados uno al lado del otro, somos estudiantes, ¿verdad? Tú tienes la respuesta correcta porque tú lo entiendes y yo tengo la respuesta incorrecta porque yo no lo entiendo. Hablamos, en promedio es más probable de convencerme que al revés simplemente porque tú tienes la forma correcta de pensamiento. Pero eso no es lo importante, lo importante es esto: tú, como estudiante, eres más probable de convencerme a mí, como estudiante, porque el profesor Mazur frente a la clase lo aprendió hace tanto tiempo, para él es increíblemente claro que él no puede (VOZ EN OFF: no se acuerda cómo es estar confundido) ¡Exacto! ¿Verdad? Algo que mi colega Steven Pinker le llama “la maldición del conocimiento”.

Tiendes a pensar que entre más experto eres, estás mejor posicionado para enseñarlo. Falso, entre más lo sabes, es más probable que hayas olvidado las dificultades de un aprendiz de nivel inicial, aún si tuviste esas dificultades años atrás cuando, y, sabes, hasta cierto grado lo sabemos, ¿verdad?

Sabemos que cuando vamos a un coloquio, a un seminario de nuestra propia disciplina y escuchamos, sí, nos emocionamos, pero si nos piden reproducir lo que sea que se dijo, no podemos. También sabemos que, con frecuencia, la gente que está más cercana a la edad de los estudiantes es más efectiva para enseñar que el profesor más viejo. Los estudiantes de posgrado que enseñan en las sesiones de discusión son más cercanos a los estudiantes y son, por tanto, mejores al explicarlo. Así que, ¿por qué no usar a los mismos estudiantes? Así que eso, así es como nació la idea de instrucción de pares, ¿verdad? Cuando vi esa interacción, lo vi, wow, eso es lo que debería hacer.

¿Cómo funciona la instrucción entre pares?
Eric Mazur: El ciclo, déjame describirlo: voy a clase, hablo quizás unos cuantos minutos, hago una pregunta, les doy un minuto para pensarlo, hago que voten, primero usábamos las manos sobre el pecho, con los dedos indicando la elección, después de eso vino el clicker, el cual fue desarrollado en parte en mi salón de clase, y luego las personas adaptaron el clicker, era repensar la pedagogía. Pero, olvida eso, olvida la tecnología. Los estudiantes deben comprometerse con una respuesta, pueden hacerlo en papel, y después de que se hayan comprometido tienen que hallar a un vecino con una diferente respuesta, así que volteo contigo, te pregunto: “¿Qué respuesta tienes? Ah, yo tengo la misma respuesta, gracias”, y volteo con otro vecino, trato de encontrar una persona a mi alrededor con una respuesta diferente. Comenzamos a discutir, y la probabilidad indica que uno de nosotros diga “Ah, sí, tienes razón” y cambiemos la respuesta.
Usualmente, solo entre 30 y 70 % tienen el deseo de responder, entonces, después de unos minutos de discusión, ese 30 a 70 % puede incrementar a casi 100 %, y hay muchos estudiantes que pudieron haber dicho “ah, sí”, y luego, sabes, termino con una pregunta de discusión e inicio el siguiente ciclo, y luego el siguiente ciclo, y así hasta que termina la hora de clase.

El método “Justo a tiempo”
Eric Mazur: Así que, encontré una técnica llamada “Enseñanza Just-in-Time”, la cual usé por muchos años, es esencialmente ofrecer a los estudiantes una zanahoria y un palo. Es sólo en realidad en los últimos 5 años que he podido acertar con este problema, y la forma en la que llegué a esa solución es tan obvia en retrospectiva, verás: trabajé duro en hacer que los salones una interacción social con estudiantes hablando entre ellos, ayudándose entre ellos. Nunca pensé hacer el componente de fuera de clase de la interacción social, digo, de nuevo, si tienes a un estudiante leyendo un libro, es una experiencia aislada y solitaria, ¿verdad? Estás leyendo un libro solo. ¿Qué tal si pudiéramos, de alguna forma, usar la tecnología para unir a los estudiantes?
Así que, desarrollamos una plataforma de aprendizaje social llamada Perusall donde tenemos acuerdos con la mayoría de las editoriales, de hecho, creo casi todas las editoriales que las personas han pedido, y lo que pasas es que los estudiantes leen el libro de texto o las notas o lo que sea que el instructor hace disponible, y si ellos tienen una pregunta pueden resaltar la parte de la pregunta, y abre una ventana de chat, y jala a otras personas, de hecho está ligado a redes sociales, como Twitter, Facebook o cualquiera que estén usando los estudiantes, y luego el estudiante usa la maquinaria de aprendizaje, inteligencia artificial para analizar la interacción de los estudiantes, dar retroalimentación al instructor sobre la interacción de los estudiantes en la plataforma, hallé que, por primera vez, puedo de verdad diseñar nuevos cursos donde, siempre y cuando tenga un buen texto, puedo eliminar por completo la lectura, por completa, pero no fue fácil, incluso en retrospectiva pienso que es un poco obvio, sí, tienes que hacerlo social porque aprender es una experiencia social. 

Evaluación: el asesino silencioso del aprendizaje
Eric Mazur: Tengo una charla sobre evaluación: el asesino silencioso del aprendizaje, porque después de implementar la instrucción entre pares pensé “¡Sí! Cambié el enfoque de la enseñanza”, pero desde el punto de vista del estudiante, la parte de verdad importante es la evaluación, ¿verdad?
Y, si de verdad quiero que mis alumnos aprendan, entonces debería ajustar las evaluaciones de modo que promueva el aprendizaje y es, de hecho, una oportunidad de aprendizaje, no un castigo, lo cual desafortunadamente son la mayoría de las evaluaciones. Digo, si le preguntas a algunos de los estudiantes “¿qué piensas de los exámenes?”, es visto como un evento estresante, y los eventos estresantes no son la mejor manera de aprender. Pienso que no solo necesitamos cambiar nuestros enfoques sobre la enseñanza, también debemos cambiar nuestros enfoques sobre la evaluación. La educación está enfocada completamente en el individuo.

Los estudiantes vienen a nuestras universidades, tus estudiantes al Tec, mis estudiantes a Harvard, ellos van a clases y en muchas clases están sentados junto a otros estudiantes pero, sabes, las clases no son interactivas, bueno, creo que el Tec está haciendo las cosas mucho mejor que otras instituciones, pero en mi institución muchas, muchas clases siguen estando basadas en lecturas, así que, sí, están sentados junto a otros estudiantes pero no hablan entre ellos, así que es solitario: se van a casa, estudian solos, van a un examen, son separados de los demás, no tienen permitido hablar con otros, no pueden buscar cualquier información, no pueden buscar nada en internet ni nada, sólo tienen una pluma y papel, y así es como los examinamos, y luego les damos una calificación y un título y los mandamos a la sociedad, ¿y qué pasa? Allá, claro, ellos siempre están trabajando juntos y siempre tienen acceso a cualquier información que quieran.

Así que, de cierta forma, creo que el modelo de educación que la mayoría de las universidades del siglo XXI aún usan simplemente no está en línea con la realidad de la sociedad, la cual es colaborativa y con constante acceso a información cambiante. Así que, yo le doy a mis estudiantes acceso a la información, ellos pueden usar el internet, les doy acceso entre ellos, nunca toman un examen solos, sí, tiene que haber responsabilidad individual pero todo es en equipos, y luego el equipo evalúa cómo contribuyó cada quien en el equipo, así que eso, sabes, no todos lo obtienen, equipo, sí, claro, exacto, pero por lo menos los estudiantes tienen que aprender a trabajar juntos y cómo usar la información en lugar de poner la información en sus cabezas para que la recuerden. 

El futuro de la enseñanza
Eric Mazur: Mensajes como el que hemos estado discutiendo, por lo menos es más escuchado, y más personas piensan “hmm… tal vez deba repensar lo que hago en el salón de clases”. De esa forma, pienso que edX ha hecho un muy buen trabajo. No soy un creyente de edX, pienso que hace muy poco y ha hecho muy poco por la educación, con una excepción: las personas, los académicos que ponen sus cursos en edX, de repente comienzan a pensar, después de poner su curso en edX, “¿cuál es mi rol aquí? ¿Cuál es mi rol dentro del salón de clases?”. Así que espero que, en 10 años, más personas se pregunten, más miembros de la academia, más instructores, más maestros se pregunten “¿cuál es mi rol en el salón?” y “quizás no debería solo estar sermoneando y haciendo cosas que están de fácil acceso en internet y otros lados”. Esa es mi esperanza por el futuro.


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viernes, 26 de junio de 2020

Los retos de los exámenes online

¿Cómo se verificaría la identidad del estudiante y la integridad del resultado durante la prueba? ¿Qué herramientas están a disposición de los docentes? ¿Qué marca la normativa europea sobre la privacidad del alumno? Juanjo Galán, de Business Strategy de All4Sec, analiza los retos que se presentan a la hora de realizar los exámenes online desde una perspectiva de ciberseguridad.


La pandemia causada por la propagación de la Covid-19 ha puesto a prueba los modelos de funcionamiento de nuestra sociedad. El sector educativo ha sido precisamente uno de los que más ha sufrido sus consecuencias, ya que la imposibilidad de impartir clases de forma presencial ha obligado a gobiernos e instituciones educativas a replantear la manera de prestar un servicio que se considera esencial para nuestro desarrollo futuro.

Retos de los exámenes online
La adopción de la tecnología en la educación hasta la fecha ha sido lenta y, dadas las circunstancias y como consecuencia inmediata, han surgido numerosas preguntas que ponen en tela de juicio la adecuación del modelo pedagógico tradicional frente a la nueva realidad que trae consigo la transformación digital.

No seremos tan frívolos de entrar aquí a evaluar esos modelos que en sí mismos son objeto de estudio de numerosos expertos en la materia. Sin embargo, sí que queremos, al menos desde la perspectiva que nos proporciona la ciberseguridad, plantear alguna cuestión que puede resultar interesante.

La controversia de los exámenes
La valoración de los resultados académicos ha sido desde siempre un tema controvertido: cómo determinar si un alumno ha alcanzado el nivel adecuado para acceder a la siguiente etapa de su educación o cómo unificar esos criterios de valoración es objeto de discusiones intensas allá donde se planteen. Habitualmente, el procedimiento más utilizado ha sido el de los exámenes presenciales, sean estos en evaluación continua o en pruebas globales al final del curso.

En ese contexto, los debates cotidianos sobre educación durante estos días de confinamiento se han visto plagados de cuestiones acerca de cómo realizar las pruebas de evaluación. ¿Quién no ha referido en algún momento cómo pudo copiar en tal o cual examen para el que apenas había estudiado? ¿Quién no se ha vanagloriado de haber conseguido esquivar los controles que los profesores le imponían cuando estaba haciendo una prueba? ¿Quién no ha sido cogido in fraganti por un profesor para su propia vergüenza? Ciertamente todas son situaciones, con reminiscencias nostálgicas, que muchos habremos pasado. Y es que las estrategias utilizadas por los estudiantes para saltarse el control de los profesores han sido, y son, históricamente infinitas y a cuál más imaginativa.

Sin embargo, la pregunta que flota en el ambiente es: ¿existe un mecanismo fiable para vigilar a los estudiantes durante un examen, utilizando medios digitales, cuando lo completan de forma remota?
Informe del Ministerio de Educación

En la actualidad, numerosos centros educativos se encuentran ante la tesitura de evaluar a sus alumnos utilizando la tecnología o, por el contrario, mantener los tradicionales exámenes presenciales. Recientemente, el Gobierno de España marcaba las pautas para las pruebas de EBAU que tendrían que llevarse a cabo durante el próximo verano. Unas pruebas que ineludiblemente deberían realizarse de forma presencial. Ahora bien, ¿sería posible llevar a cabo dichas pruebas de forma remota? ¿Cómo se verificaría la identidad del estudiante y la integridad del resultado durante la ejecución de las pruebas?

En un reciente estudio realizado por el Ministerio de Universidades se recogían los diferentes mecanismos que podrían utilizarse para evaluar el nivel educativo de un estudiante. Entre sus principales conclusiones que se planteaban dos aproximaciones básicas para verificar la identidad y autoría de los exámenes de los estudiantes en un entorno hipotéticamente digital.
Supervisión online por parte del profesor

La supervisión online por un profesor arranca de la premisa de que el estudiante y su entorno permanece visible durante toda la ejecución de la prueba y que, por tanto, el profesor tiene a su disposición, a través de un sistema de imágenes (habitualmente una webcam), todo lo que concurre en torno a la persona evaluada. Podríamos decir que estaríamos ante un mecanismo avanzado del modelo de supervisión tradicional.

Supervisión automatizada
Alternativamente, un sistema de vigilancia automática o desatendida sería capaz de monitorizar a la persona que está llevando a cabo un examen, al tiempo que identificaría cualquier actividad en su entorno que pudiera resultar sospechosa.

Las técnicas utilizadas para este segundo tipo de supervisión son múltiples y variadas. Desde tomar imágenes del entorno del alumno para después verificar los cambios que se han producido durante la ejecución de la prueba, hasta el reconocimiento facial, el control del equipo de trabajo del alumno, sus pautas de comportamiento o el análisis de plagios. Actualmente existen numerosas herramientas que proporcionan ya estos servicios como Managexam,  ProctorexamSmowlExamity Honorlock.

Privacidad versus supervisión
Recientemente algunos países han decidido utilizar un mecanismo de vigilancia automatizada para llevar a cabo las pruebas de evaluación finales en sus diferentes niveles de enseñanza. Tal ha sido el caso de la Autoridad Universitaria Australiana (ANU) que se ha inclinado por Proctorio, un producto que se suma a los anteriormente mencionados.

Como es fácil de deducir, uno de los principales problemas de este tipo de soluciones reside en los datos que manejan. El reconocimiento facial o la monitorización de las pautas de comportamiento durante el proceso de evaluación pueden ser elementos de interés para los ciberdelincuentes, lo que incrementa la necesidad de medidas adicionales de protección.

La posibilidad de que un tercero controle la webcam, el micrófono o la pantalla del ordenador de un alumno abre al mundo la posibilidad de problemas serios en la privacidad. Problemas que aún resultan más críticos cuando lo que se trata es de monitorizar a menores de edad.

Normativa europea para la supervisión automática
La normativa europea para la protección de datos personales (RGPD) establece reglas de control suficientemente punitivas para aquellas compañías, organismos o instituciones que hagan un mal tratamiento y explotación de estos datos

Es más, con el desarrollo de las técnicas de Inteligencia Artificial, el marco de interés por los datos se ha visto ampliado. Por ejemplo, la Comisión Europea está estudiando actualmente desarrollar medidas dirigidas a proteger al ciudadano de los riesgos que pueden tener sus derechos fundamentales, especialmente los datos personales, la privacidad y de no discriminación cuando se utilizan técnicas de IA para la correlación de información.
A este respecto, precisamente la Comisión ha manifestado que “el uso de aplicaciones de IA para la identificación biométrica remota y otros sistemas de vigilancia intrusiva deben considerarse siempre de riesgo elevado” y, por tanto, los requisitos de registro, control o uso son siempre aplicables, tal y como, por otra parte, recoge el artículo 9 del RGPD.

Vigilancia automatizada, ¿sí o no?
En este contexto, otro reto es la supervisión automática de las pruebas de evaluación de los alumnos queda en el aire. Las técnicas de ‘proctoring’ se han mostrado claramente en el límite de la privacidad, pero no por ello dejan de ser válidas.

Frente a ellas, los trucos utilizados por los estudiantes resultan, pese a todo, muy imaginativos. Se ha comprobado que, en los exámenes online, algunos estudiantes tienden a utilizar la compartición de pantalla, la interconexión de dispositivos Bluetooth, los teléfonos móviles, los smartwatches o la suplantación de la identidad para recibir la ayuda de terceros.

Al final, debemos de admitir que si queremos garantizar la integridad de una prueba de evaluación telemática tendremos que recurrir a mecanismos de supervisión también telemáticos. Y, precisamente ahí, la ciberseguridad tendrá mucho que decir. Pero que no se asusten los estudiantes, es posible que algunas de las tradicionales técnicas que aún existen para copiar o recibir ayuda continúen siendo válidas. Eso sí, la decisión de ponerlas en práctica será una respuesta esta vez totalmente individual.



Por
EDUCACIÓN 3.0
Fuente

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