jueves, 24 de septiembre de 2020

Algunas líneas acerca del acto de evaluar en tiempos de pandemia

 Saquen una hoja… Seguramente esta expresión resuene en los oídos de todos, ya sea por su propia experiencia de alumnos, como por la actual de docentes.

Hace ya casi cuarenta días que no estamos en las aulas, nos encontramos en casa, planificamos clases, interactuamos con nuestros alumnos a través de la herramienta TEAMS y de la plataforma miUBP, conversamos con nuestros compañeros profesores y con los directores de carrera, construimos entre todos estrategias que nos permitan estar presentes y dar continuidad a lo planificado.
Pero permanentemente hay una pequeña luz roja que se enciende y nos interpela: ¿Cómo evalúo? ¿Es válida la evaluación si no veo en vivo y en directo a mis alumnos, si no están en sus bancos, solamente con sus hojas y lapiceras y asegurándome de que no se copien entre sí?
Hoy, el contexto cambió y nos vemos impelidos a repensar nuestras prácticas entre las que está la de evaluar.



 
Santos Guerra (2007) afirma que la evaluación es aprendizaje, y nos invita a mirarla en congruencia con las actividades realizadas durante el período de cursado. Recordemos que la evaluación forma parte del proceso de enseñanza y de aprendizaje, que no está separada de lo que venimos realizando, sino que es un momento más en que nos detenemos e invitamos a los estudiantes a resolver algunas consignas que los ayudarán a seguir adelante en el estudio de nuestras materias.

En este artículo pretendemos brindar a nuestros profesores algunas estrategias relativas al qué, cómo, cuándo y para quién evaluar.
 

¿Qué queremos evaluar?

Ante esta pregunta, pensemos en lo que nos interesa que nuestros alumnos aprendan, es decir los conocimientos, habilidades, destrezas que hemos seleccionado para enseñar en nuestra materia o módulo. Llamémosle, el programa de estudios.
 
Claves para identificar qué vamos a evaluar:

Releer el programa de la asignatura subrayando conocimientos, habilidades, destrezas que constituyen los saberes relevantes de la materia.

 

Tener en mente la didáctica del contenido, que permita el diseño de actividades de aprendizaje poniendo en juego conceptos y subconceptos, así como las habilidades que los componen.

Chequear los objetivos que deben alcanzar los estudiantes en relación a los contenidos, permitiendo verificar que no falten conceptos centrales para alcanzarlos.

 

Hacer correcciones y sugerencias necesarias en caso de que se requiera una nueva elaboración.
 

¿Cómo evaluar?

En este caso, el centro se pone en las estrategias y metodologías para llevar adelante la evaluación. Es así como adquiere relevancia el concepto inicial del que partimos: la evaluación es aprendizaje por lo que está estrechamente vinculada a los contenidos y a las formas en que los enseñamos. Es decir entonces que la coherencia entre el enseñar y el evaluar, es fundamental y son aspectos inseparables.
 
Claves para pensar cómo vamos a evaluar:

Considerar en todo momento la naturaleza del contenido que se enseña. Existen temas que son eminentemente prácticos y que requieren de resolución de ejercicios, como en Matemática, Física o Química y otros que se basan en actividades de reflexión, de análisis de textos, de normativas, etc.

 

En virtud de ellos, el aborar un instrumento de evaluación coherente. Dichos instrumentos son variados y en este espacio compartimos algunos que seguramente se pueden sumar a otros que ustedes, como docentes, conozcan.

 

Por una parte, se les pueden proponer casos que los alumnos deben leer atentamente, analizar y brindar sus opiniones fundamentadas en torno a ellos.

 

Por otra, elaborar situaciones problemáticas cuyo desafío está dado por brindar soluciones a las mismas basadas en las actividades previas, a lecturas y a las interacciones mantenidas.

Quizás ustedes se pregunten ¿de dónde obtengo estos casos o estas situaciones problemáticas? Las fuentes son variadas: una de ellas es Internet, en sitios serios y reconocidos para cada disciplina, donde se pueden encontrar posibles insumos que para ustedes resulten significativos y pertinentes.

 

La otra opción se encuentra dada por vuestra propia experiencia profesional. Por ejemplo, en el caso del Derecho, retomar posibles casos o expedientes en los que por cuestiones éticas se cambian las identidades de los involucrados. O en la Contabilidad, balances de empresas, trámites ante AFIP, análisis de costos, elaboraciones de presupuestos. En campos como en el del Diseño gráfico, el análisis de producciones, teniendo en cuenta el parámetro que se sigue para elaborarlas.

También, podemos encontrarnos con disciplinas vinculadas con la gestión ambiental, en las que se analicen situaciones actuales, a través de artículos de diarios y noticias de actualidad. Sin ir más lejos, hoy, ante el COVID 19 se observa que las ciudades se ven menos contaminadas y, ¿por qué no realizar un análisis en torno a esto?

 

Generar propuestas de evaluación comunes a materias que se complementen entre sí y que los alumnos se encuentren cursando de manera concomitante, se constituye en otra posible clave. Este es un buen modo de integrar contenidos, para que los estudiantes descubran las interrelaciones que existen entre las materias y la contribución de cada uno a su perfil profesional.

 

En este ¿Cómo? ingresa la mentada dicotomía: ¿individual o grupal? Ambas alternativas son válidas. Cada una tiene sus características y dinámicas. Se pueden generar interrogantes que giren en torno a la definición de ciertos conceptos que ustedes como profesores consideren clave en sus espacios curriculares y que sean trabajados por cada alumno, para luego y a partir de ello, generar algunas de las estrategias arriba mencionadas y que sean abordadas en grupos de no más de tres integrantes, para luego y, a través de la herramienta TEAMS realizar una exposición de lo que elaboraron y, de ese modo acreditar esos saberes.

 

Seleccionar/construir instrumentos de evaluación coherentes con las actividades de aprendizaje planteadas. Por ejemplo: si se enseñó utilizando estudio de casos, la instancia final de evaluación debería contener consignas de este tipo.

 

La devolución cualitativa que, como docentes realizamos a los estudiantes, es un aspecto fundamental si sostenemos, como se dijo más arriba, que la evaluación es aprendizaje. Poco puede aprender un alumno si el docente cuando corrige simplemente otorga un número (nota), que puede representar “aprobado” o “desaprobado”. Ahora bien, si el docente a esa nota agrega un registro breve de aspectos positivos y otros a mejorar de las respuestas que el alumno brindó, permitirá que en una próxima instancia de evaluación mejore su desempeño, convirtiendo a la evaluación en una instancia de aprendizaje.

 

En caso de que el docente carezca de tiempo o tenga muchos alumnos, hay instrumentos estándares que permiten esas devoluciones cualitativas, instrumentos tales como: listas de cotejo, listas de apreciación o rúbricas.

 

¿Cuándo evaluar?

Abordar este interrogante pone de relieve la variable temporal, con relación al propósito perseguido al evaluar y a los datos que se pueden obtener según los momentos en los que se evalúa.
 
Claves para pensar cuándo vamos a evaluar:

Puede darse que el docente necesite obtener información acerca de conocimientos y habilidades previas de los alumnos y que son necesarias antes de enseñar un tema nuevo -esto especialmente puede ocurrir en el primer año de una carrera. En ese caso la implementación de la evaluación se convertirá en un diagnóstico sobre saberes previos.

 

También es importante administrar evaluaciones durante el cursado, que sin ser tan seguidas en el tiempo, permitan al alumno chequear los progresos en sus aprendizajes, a partir de las devoluciones que, como docentes realicemos, y de este modo llegar preparado a la evaluación al final o integradora, al finalizar el dictado de la materia o módulo. Los procesos de evaluación intermedios, sin ser constantes o abrumadores, permiten predecir resultados finales y en qué medida los estudiantes se acercan o se alejan de los objetivos de aprendizaje esperados.
 

¿Evaluar a quién?

Esta última pregunta es central. Interrogarse por el destinatario del proceso de evaluación remite al sentido del hecho de evaluar.

Si bien el estudiante es el principal destinatario, el proceso de evaluación afecta también al docente que diseña y conduce dicho proceso. Y, ¿por qué recae en el docente como un actor no menor? Puede darse que el docente tome una prueba de opción múltiple breve al inicio del cursado como diagnóstico y la mitad de los alumnos la aprueba, mientras que la otra mitad no. Seguramente este dato será un insumo para que el docente replantee lo que tenía planeado enseñar ya que necesitará que todos los alumnos tengan buen desempeño en los contenidos evaluados.
 
Claves en función del estudiante:

  Conocerlo, saber mínimamente el trayecto educativo en el que se encuentra -no es lo mismo el alumno ingresante que quien se encuentra cursando la mitad de la carrera o está cerca de la realización de su trabajo final-. Será importante conocer las necesidades del estudiante en los diversos trayectos, lo que orientará el diseño de actividades de evaluación personalizadas y de diverso tipo.

  Mantener comunicación sólida y fluida que permita el conocimiento mutuo entre docentes y alumnos. Una información insoslayable que el alumno debe conocer es la relativa a la propuesta de enseñanza y de evaluación, y en relación a esta última, los criterios de evaluación y de acreditación. Se aconseja dar a conocer esta información por diversas vías: lista de mails, muro, foro.

  Propiciar instancias de autoevaluación en relación a los objetivos que el alumno debe alcanzar, que genere autoconciencia de los niveles de desempeño y autonomía para organizarse frente al logro de las metas de aprendizaje.

  Facilitar herramientas de gestión de tiempos de realización de actividades obligatorias, como puede ser un cronograma tentativo que se les ofrezca a los estudiantes.

  Brindar herramientas para superar la ansiedad del examen.

 
Para finalizar, deseamos enfatizar que cada uno de los tips ofrecidos en los cuatro apartados son completamente dependientes unos de otros, más allá de que hayan sido presentados por separado a los efectos de otorgar un orden al planteo.

 

Asimismo, queremos volver al centro de la escena del acto de evaluar, donde se encuentra el alumno, como un sujeto dinámico y en relación con otros, para lo cual será siempre importante propender al diálogo fluido con él, de modo de no perder de vista que los aprendizajes y la evaluación, se dan en un contexto particular.
 

 

 

 

Autoras: Mgter. Valeria Moschetta y Mgter. María Helena Saddi – Dirección de Pedagogía. Universidad Blas Pascal.
 

Fuente

https://www.ubp.edu.ar/educacion/miscelaneas-educativas-algunas-lineas-acerca-del-acto-de-evaluar-en-tiempos-de-pandemia/

martes, 22 de septiembre de 2020

La evaluación de los aprendizajes en tiempos de pandemia

 El Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) ha marcado un punto de inflexión en la universidad española. La adopción de una docencia más activa es un principio básico de esa revolución educativa. Una docencia basada en el desarrollo de las competencias de los alumnos, utilizando una metodología de enseñanza-aprendizaje y multitud de recursos educativos tales como la los entornos virtuales de aprendizaje, Internet, bases de datos, aplicaciones informáticas, gamificación, entre otros.

 


Otro principio característico ha sido la movilidad internacional de los estudiantes hacia otras universidades extranjeras mediante el programa Erasmus, en sus diferentes versiones. Estos dos fundamentos tienen como finalidad mejorar la empleabilidad de los egresados, quienes desarrollarán su profesión en un entorno cada vez más dinámico y competitivo.

Además de los dos pilares que sustentan el EEES, la evolución de la universidad española no puede entenderse sin los profundos cambios que ha tenido la sociedad española. En general, han sido consecuencia de la denominada revolución tecnológica de los sistemas de información y comunicación.

 

Una sociedad más abierta donde los jóvenes con menos recursos pueden también acceder a la universidad, donde la consolidación de la democracia ha asentado la libertad de expresión en todos los ámbitos y donde la eliminación de fronteras entre países ha hecho que personas de diferentes nacionalidades aprendan juntas, caracterizan a una nueva universidad.

 

Nueva realidad: la adaptación a la docencia online

A pesar de la resistencia de algunos docentes al uso de las nuevas tecnologías en las aulas, la pandemia del Covid-19 nos ha hecho tener que adaptarnos, en apenas unas semanas, a una nueva realidad: las aulas universitarias online. Alumnos y profesores han tenido que enfocar el final del curso 2019/20 en virtual. Nuevas aplicaciones como Collaborate, Zoom, Jitsi, Google Meet, Hanghouts, Skype… se han colado en el día a día de la universidad por prescripción sanitaria.

Ante la opción de dar por perdido el curso, muchos docentes y alumnos hemos hecho un sobre esfuerzo para adaptarnos a las diferentes plataformas educativas, con la finalidad de contactar con nuestros alumnos, hacernos presentes en la virtualidad, e impartir la docencia asignada de la mejor manera posible.

 

El proceso ha sido muy complejo porque la formación previa era escasa y la manera de interactuar alumno-profesor no es la misma que en presencial. Las clases online requieren de adaptaciones, apoyos, y formas de utilizar el entorno virtual de manera clara y concisa. El tiempo de preparación de las clases y ejercicios en virtual se ha duplicado, e incluso triplicado.

 

Ni muchos menos es comparable a la labor que han realizado nuestros sanitarios, que aprovecho para felicitarles por su trabajo, dedicación y vocación. Pero también los docentes requieren de ese reconocimiento público diario. Muchos equipos directivos, docentes, coordinadores, vicerrectores, decanos, rectores, secretarios, gerentes, personal de administración y servicios, están sufriendo jornadas maratonianas de reuniones y horas de reflexión para tomar decisiones por el bien común.

¡Mi aplauso virtual para todos ellos!

 

Nueva fase: cómo implementar la evaluación online

En cualquier caso, mejor o peor, el período de docencia online está a punto de terminar y nos enfrentamos a otro reto: cómo implementar la evaluación online en tiempos del coronavirus. Por justicia y equidad, debemos intentar que nuestros alumnos sean evaluados correctamente.

 

Sin embargo, los problemas de integridad y ética se ponen en tela de juicio. Muchos son los videos que circulan por las redes sociales estos días en los que alumnos “aventajados” enseñan a otros sobre cómo saber las respuestas correctas en un cuestionario a través de su código fuente. O qué aplicaciones existen para resolver cualquier problema matemático. O cómo hacer un ensayo de forma casi automática, con sólo meter unas palabras claves.

 

Ante esta nueva realidad, se nos plantea un aspecto que, a pesar de la evolución de la enseñanza hacia las competencias en vez de hacia el contenido del conocimiento, no ha quedado resuelto aún: ¿estamos dando clases para desarrollar competencias y luego medimos contenidos a través de exámenes tradicionales?

 

La evaluación del proceso de aprendizaje siempre ha sido un proceso complejo (York et al., 2015), sobre todo, porque tiene una influencia muy relevante en la calidad del proceso (Gibbs, 1992McLean, 2018). Si no evaluamos correctamente, el aprendizaje no será de calidad y habremos perdido mucho tiempo y recursos para no conseguir el objetivo principal de dicho aprendizaje (Muldoon, 2012).

 

Principales problemáticas en la evaluación online

Muchos son los profesores que dudamos de la evaluación online: ¿será el alumno quién realmente haga el examen? ¿será un alumno de cursos superiores?  ¿Una academia por encargo previo pago? ¿Copiará? ¿Realmente habremos evaluado lo que el alumno ha aprendido? ¿Servirá para algo?

Hacer un examen online es complejo. Los profesores estamos teniendo que adaptarnos, también en tiempo récord, aprendiendo a hacer cuestionarios online, ideando formatos de preguntas tipo test o de reflexión, etc. Además, se han preparado adendas a las fichas docentes para adaptar los criterios de evaluación a la metodología online.

 

Pero, no somos policías, y no disponemos de sistemas de próctoring al carecer de regulación que podría vulnerar los derechos de imagen de los alumnos. Los exámenes de definiciones o conceptos podrán copiarse y pegarse. Los ejercicios de cálculos podrán ser realizados automáticamente. Por lo tanto, tendremos que repensar el formato del examen y basarnos más en competencias que en la mera repetición de conceptos memorísticos.

 

No tendrá sentido que el alumno se haga experto en el famoso “copipeis”. Quizás el coronovirus, como muchos pronostican, nos traerá una nueva forma de valorar las cosas. Hará que veamos la realidad de manera diferente y no tiene por qué ser peor. Los cambios –unas veces planificados y otras no- siempre son buenos.

 

En el reto está la oportunidad

Esta guerra fantasma, ante un enemigo invisible, puede hacer lo que el EEES no ha conseguido aún: que se empiece a evaluar en base a las competencias del alumno y no tanto en su capacidad memorística. Preguntas que interrelacionen conceptos con rúbricas de evaluación claras, supuestos de reflexión ante casos particulares aplicando una u otra teoría, exámenes “open-book” donde se tenga que aplicar lo que se puede consultar sin necesidad de aprendérselo…

 

Soy por naturaleza optimista y, a pesar de todo lo negativo que nos ha traído la pandemia, que desgraciadamente ha sido mucho, creo que también vamos encontrar aspectos positivos de esta circunstancia excepcional.

 

El que los alumnos valoren las clases online y el esfuerzo diario del profesor, a pesar de las dificultades técnicas, la falta de recursos y de formación, ya es un avance. Si, además, ponemos nuestra creatividad y nuestro empeño al servicio de una evaluación justa e integra, quizás también habremos conseguido dar un paso más hacia el mejor aprendizaje posible de nuestros alumnos. Y este pasa por realizar una correcta y adecuada evaluación de lo aprendido en función de la capacidad y, sobre todo, del esfuerzo realizado por cada uno.

Pasamos a otra fase: ¡suerte para todos!

 

 

 

 

Fuente

https://www.universidadsi.es/evaluacion-online-covid19/

sábado, 19 de septiembre de 2020

¿Es posible evaluar a los alumnos en aislamiento?

 En este contexto resulta pertinente evaluar flexibilizando ciertos plazos, modalidades y niveles de exigencias para la motivación a futuro, tanto de docentes como de estudiantes.


 

El comienzo del ciclo lectivo 2021 tendrá que contemplar una etapa de diagnóstico y repaso mayor que lo habitual.

Xataka

 

Se acerca el momento de decidir si es posible o no, evaluar a los alumnos por el trabajo realizado a la distancia, desde sus hogares. Rápidamente, surge la pregunta sobre si se puede o no, trasladar las estrategias de evaluación presencial al formato virtual. Lo mismo sucede con las calificaciones. Esta pregunta tuvo su respuesta por parte del ministro de Educación de la Nación, Nicolás Trotta, quien sostuvo ante los medios de comunicación, “que el actual contexto de aislamiento social preventivo obligatorio no es el mejor momento para sostener la evaluación de forma tradicional con calificaciones”. Entonces, ¿cuál es el modo de evaluar en tiempo de pandemia?

 

El Covid-19 obligó a modificar hábitos e instaló nuevos desafíos en todas las áreas y aspectos de la vida, el ámbito educativo no es la excepción, ya que tuvo que repensar y replantar su esencia presencial arraigada durante más de 200 años. Desde un principio, se plantearon tres objetivos clave: primero, garantizar –con mucho esfuerzo de directivos, docentes, alumnos y familia–, la continuidad del ciclo lectivo; luego, sortear –en algunos casos con mayor éxito que en otros–, las desigualdades socioeconómicas de los 11,5 millones de jóvenes que hoy intentan seguir adelante con el aprendizaje desde sus hogares; y por último, descubrir e implementar nuevas formas y modelos educativos que no sean meramente circunstanciales, sino una oportunidad para seguir profundizando y desarrollándolos cuando pase la pandemia.

 

Es en este contexto, que se plantea el debate sobre la evaluación lejos del aula. No evaluar es no reconocer ni valorar el trabajo de tantos docentes y alumnos durante estos casi dos meses de clases a distancia; evaluar como si todo hubiera sido normal tampoco parece lo más sensato. Por esa razón, resulta pertinente evaluar flexibilizando ciertos plazos, modalidades y niveles de exigencias para la motivación a futuro, tanto de docentes como de estudiantes.

Cuando hablo de flexibilizar niveles de exigencia, me refiero a priorizar ciertos contenidos nodales como se ha pensado para la Ciudad de Buenos Aires. Del mismo modo que flexibilizar tiempos abre la posibilidad de discernir si conviene o no mantener el esquema bimestre - trimestre o bien considerar dos grandes momentos: el tiempo virtual y el tiempo presencial (cuando regresemos al aula).

 

Es muy loable la tarea incansable de directivos, docentes y familias para sostener la continuidad educativa en sus diversos niveles: social, ya que muchas escuelas se ocupan del tema alimentario; intelectual, a través del trabajo en múltiples y variados formatos; y socio- afectivo, brindando contención a múltiples actores institucionales. Todo este novedoso y complejo escenario, debe darnos márgenes amplios de paciencia y comprensión porque todos estamos aprendiendo.

 

Evaluación y seguimiento en tiempo de aislamiento

Los docentes disponen de una variedad de instrumentos para evaluar lejos del aula. En aquellos casos que sean factibles, se recomienda recopilar las diversas tareas y actividades que los alumnos fueron realizando en este tiempo a través del recurso didáctico del “portfolio”. Se trata de un instrumento que permite organizar y documentar el proceso de aprendizaje y dominio de los contenidos esperados. Incluye los trabajos de los estudiantes vinculados a las expectativas de aprendizaje planteadas y la reflexión sobre sus progresos. Dado que permite evidenciar procesos y logros de un periodo de tiempo dado, puede ser un instrumento pertinente para registrar el trabajo de los estudiantes en formato digital o papel, en el contexto de suspensión de clases presenciales. De este modo, muchos docentes encontrarán elementos para evaluar a sus alumnos e incluso calificarlos sea cuantitativa o cualitativamente.

 

Por el contrario, cuando los aprendizajes de los alumnos no estén logrados, teniendo en cuenta este contexto atípico, se debería establecer la categoría que ya existe dentro del sistema que se denomina “en proceso”. Metodología que se mantendrá hasta que se retornen las clases presenciales, o bien mientras se continúe con el formato virtual tratando de mejorar la situación académica del estudiante.

 

El comienzo del ciclo lectivo 2021 tendrá que contemplar una etapa de diagnóstico y repaso mayor que lo habitual, ya que escenarios como éstos siempre dejan algo en el camino que es necesario recuperar en algún momento.

 

Muchos docentes están haciendo un gran esfuerzo para evaluar a la distancia y eso es muy meritorio, aunque no tenga ingredientes de innovación. Otros, están aprovechando la crisis como oportunidad para animarse a innovar en la evaluación diseñando formatos más novedosos. Por ejemplo, podría estudiarse la misma pandemia y evaluarla en la línea del aprendizaje basado en proyectos, es decir, con un abordaje multidisciplinario.

 

No creo que al regresar a las aulas las cosas cambien drásticamente como si hubiera una realidad educativa del sistema antes y otra después de la pandemia. Volveremos a lo mismo pero transformados con una gimnasia y confianza mayor en el uso de la tecnología dentro del proceso educativo, pero sobre todo volveremos más convencidos que nunca a las aulas, con ganas de abrazarnos con los colegas y con nuestros queridos alumnos.

 

 

 

 

 

 

Por Joaquín Viqueira

Director Pedagógico de la Vicaría Pastoral de Educación de Buenos Aires.

Fuente

https://www.ambito.com/opiniones/docentes/es-posible-evaluar-los-alumnos-aislamiento-n5102213

jueves, 17 de septiembre de 2020

¿Se puede evaluar hoy a los alumnos igual que antes de la pandemia?

 La pandemia global provocada por la rápida propagación de la COVID-19 ha supuesto un cambio en la manera de proceder en todos los ámbitos que se puedan imaginar; y el mundo de educación ha sido quizá uno de los entornos en los que más impacto ha tenido esta reorganización social, profesional y académica.


 

Una de las más sorprendentes consecuencias que este hecho ha tenido es la decisión ‘por decreto’ por parte de las autoridades educativas de algunas comunidades autónomas de que la tercera evaluación no se tenga en cuenta a la hora de reflejar el rendimiento académico de los estudiantes o al menos en la misma proporción que el resto de las evaluaciones.

 

De esta decisión parece deducirse que no es posible un proceso de enseñanza-aprendizaje suficientemente efectivo en un entorno virtual, es decir, que la transmisión de contenidos, el proceso de investigación y la transferencia no pueden darse con las suficientes garantías en contextos virtuales.

 

Aprendizaje basado en competencias

Sin embargo, si se atiende al principio básico que define el aprendizaje basado en competencias de Jaques Delors, es decir, la necesidad de promover en los estudiantes el desarrollo de transferencias, no parece incompatible. Desarrollar transferencias implica poner el énfasis, no tanto en lo que el estudiante sabe y conoce, sino en las competencias y habilidades que se han alcanzado.

 

La transferencia no es sino la capacidad de aplicar lo aprendido en un contexto nuevo y diferente. En definitiva, una competencia que capacite al individuo para hacer frente a gran número de situaciones.

 

¿Qué significa “de carácter formativo”?

Cabe recordar, además, que la normativa del actual sistema educativo recoge que, dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje se debe ofrecer una propuesta de evaluación continua de carácter formativo. Esta consiste en la retroalimentación permanente hacia el estudiante, no solo con el fin de poder calificarle, sino para ayudarle a mejorar y avanzar en su comprensión.

 

De hecho, implica igualmente ayudarle a mejorar en su aprendizaje, ya que si la evaluación está correctamente planteada, la valoración del propio desempeño se produce de modo automático. Se trata de una responsabilidad compartida hacia el aprendizaje entre estudiantes y docentes.

 

Este tipo de enfoque (y cualquier otro) debe ofrecer a los estudiantes unos criterios de evaluación claros, relevantes, explícitos y, sobre todo, públicos. Deben, además, estar presentes en todo momento durante el proceso.

 

Una de las consecuencias más inmediatas que este planteamiento de evaluación tiene es el hecho de que los estudiantes comprenden en profundidad lo que implica un trabajo de calidad; son conscientes en todo momento a lo largo de su proceso de aprendizaje de lo que implica un trabajo bien realizado y, por lo tanto, de cuáles son las tareas que necesitan mejora.

 

Implicaciones de este tipo de evaluación

La evaluación continua implica una retroalimentación (tanto por parte del docente como por parte de los pares) que debe darse a lo largo de todo el proceso. Deben explicitarse unos indicadores de evaluación que tengan una relación clara y directa con los objetivos didácticos de la unidad. Esos indicadores han de ayudar al estudiante a poder evaluar su progreso lo que, además, favorece el desarrollo de su espíritu crítico.

 

Implica no solo calificar el trabajo en sí, sino también realizar sugerencias para mejorarlo, ofreciendo al estudiante indicaciones claras de hacia dónde debe encaminar su trabajo. Por último, exige una planificación previa minuciosa que la dote de sentido y sobre todo la convierta en una herramienta eficaz de aprendizaje.

 

¿Cómo llevarlo a cabo desde la distancia?

La pregunta lógica que se formula el docente es cómo llevar a cabo todo lo anterior desde la distancia. Qué recursos están a su alcance para saber si está logrando esos objetivos, si sus estudiantes están aprendiendo, teniendo en cuenta el desafío implícito en las actuales circunstancias. En otras palabras, si el aprendizaje desde casa supone abandonar el objetivo primordial de una educación encaminada a un aprendizaje profundo y, por lo tanto, duradero.

 

Si se aplican los principios que rigen el aprendizaje basado en competencias, la virtualidad derivada de esta nueva situación no tiene por qué suponer un impedimento para respetarlos. Es cierto que el distanciamiento físico tiene un impacto en la tan necesaria socialización del aprendizaje, por no hablar del problema que muchas veces supone el mero acceso a la tecnología en sí.

 

Pero eso no es lo mismo que afirmar que la evaluación continua propia de un marco de competencias no sea posible. El reto consistirá, por un lado, en seguir aplicando los principios pedagógicos que lo rigen, es decir, obligar a los estudiantes a que utilicen los contenidos como un medio para resolver un problema y no como un fin en sí mismo.

 

Por otro lado, habrá que diseñar un recorrido de aprendizaje que los estudiantes puedan documentar, de manera que nos permitan observar (y, por lo tanto, corregir y redirigir) ese recorrido. El portafolio digital, por ejemplo, es un recurso al alcance de los docentes que permite precisamente eso.

 

Examen memorístico

Si todo lo que el docente pretende es trasladar un examen de tipo memorístico y exclusivamente de contenidos, en efecto, la virtualidad del proceso no asegura que el estudiante realice dicha prueba únicamente en base a lo que recuerde. Sin embargo, ¿cuál era el objetivo? ¿cuál es, por tanto, el objeto de evaluación? Si esa misma prueba se realiza en un aula bajo la atenta mirada del docente, ¿garantiza el aprendizaje? Únicamente refleja la capacidad de memorización de un determinado estudiante.

 

Sin embargo, un modelo de enseñanza enfocado al desempeño, al saber hacer y aplicar, sí garantiza un aprendizaje sólido, transferible a otros contextos, que nos permita egresar estudiantes capaces de resolver problemas en entornos diversos.

 

Habrá que diseñar escenarios que nos permitan generar pruebas capaces de evaluar en qué medida nuestros estudiantes resuelven problemas con todos los recursos de los que disponen a su alcance, como haría cualquier ciudadano o profesional en su desempeño diario.

 

 

 

 

Autoras

1.      Naiara Bilbao Quintana

Profesora del departamento de Didáctica y Organización Escolar, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

2.      Arantzazu López de la Serna

Profesora Facultad de Educacion de Bilbao / Irakaslea Bilboko Hezkuntza Fakultatea, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

 

Fuente

https://theconversation.com/se-puede-evaluar-hoy-a-los-alumnos-igual-que-antes-de-la-pandemia-138485

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