domingo, 26 de abril de 2020

Proponen que no suspenda nadie y se limite la repetición


  • El curso se mantendrá hasta junio, no más allá; el sistemia se adaptará a las necesidades del alumnado, ya sea porque no tiene acceso o tienen necesidades educativas especiales; se flexibilizará el currículo y las programaciones didácticas para centrarse en los aprendizajes imprescindibles, y se adaptará la evaluación, la promoción y la titulación con el objetivo de que todo el mundo pueda continuar sus estudios.


Después de horas de reunión entre Ministerio y comunidades autonomas, Isabel Celaá ha presentado esta tarde las líneas maestras de la Orden ministerial que se publicará en los próximos días y que pretenden dar base legal a las medidas que han de acometerse para finalizar el presente curso con la mayor normalidad posible.

Se han presentado las cuatro grandes líneas de actuación ante la prensa y mañana, tras enriquecer el texto con algunas aportaciones de la autonomías, presumiblemente se cerrará el texto. Según Celaá, el documento cuenta con el apoyo explícito dela mayor parte de las autonomías. En  cualquier caso, lo que pretende el Gobierno es dar un «paraguas» para que las CCAA ejerzan sus competencias «haciendo adaptaciones curriculares y estableciendo pautas de evaluación» que puedan utilizar después los docentes en esta tercera evaluación.

A pesar de que entre las medidas que se contemplan se encuentra la realización de una evaluación continua que tenga en cuenta los aprendizajes adquiridos en las dos primeras evaluaciones y que contemple, positivamente, lo que ocurra en los próximos tres meses, tanto Isabel Celaá como Alejando Tiana, secretario de Estado de Educación, han insistido en que no se trata de un aprobado general, que este sería «injusto» y que nadie lo apoya.

El objetivo es que todo el mundo pase al curso siguiente y, si el profesorado plantea la necesidad de que alguien repita curso (España tiene uno de los porcentajes de repetición, una medida cara y que no ayuda, según diversos informes, a la mejora de los aprendizajes) habrá de justificar de manera suficiente ante la administración pública los motivos.

Evaluación continua
La ministra ha insistido a largo de su comparecencia en la necesidad de que la evaluación sea continua, y ha intentado transmitir la confianza tanto del Ministerio como de las comunidades autónomas en la profesionalidad del personal docente que es quien «conoce al alumnado». «Que se sientan con confianza para decidir lo mejor para cada estudiante».

Esta evalulación continua tendrá en cuenta lo ocurrido hasta el comienzo del estado de alarma en las aulas, así como lo que se ha estado haciendo, y se seguirá haciendo, en las próximas semanas y meses. Pero haciendo hincapié en las competencias básicas adquiridas y dejando constancia en un informe individual de las posibles carencias que pueda tener cada chica y cada chico para que el docente del siguiente curso o nivel tenga toda la información posible para retomar la labor. «Lo esencial, ha dicho la ministra, es lo que dice la norma para criterios evaluación».

A pesar de que tanto la ministra como Alejandro Tiana, secretario de Estado de Educación han insistido en que las medidas no son un aprobado general, también han asegurado que los resultados de la evaluación del tercer trimestre «no será negativo para nadie por las condiciones en las que tenemos a la ciudadanía». La ministra ha asegurado que se tienen que tene en cuenta las condiciones en las que se encuentran los hogarres, convertidos en aulas virtuales, centros de salud, con espacios reducidos y con niñas, niños y jóvenes de diferentes edades. «El sistema tiene que adaptarse a las circunstancias. Y tenemos ambicón de progresar».

A esto se añade la puesta en marcha de programas de refuerzo, similares a los antiguos PROA, que tendrán que plantearse para el comienzo del próximo curso con la idea de que se adquieran los conocimientos y competencias que hayan quedado del este curso.

Para el mes de julio se prevé que se realicen actividades de ocio, también de recuperación académica, como las que vienen organizando ya las comunidades autónomas, los ayuntamientos y otras organizaciones del ámbito social, como ONG. En palabras de la ministra, desde su Departamento, se dará todo el apoyo posible para que se desarrollen dichas actividades. El objetivo es que lleguen a las personas más vulnerables.

Estas actividades, así como la eventual vuelta a las aulas en el mes de mayo o junio, como todas las decisiones, tendrá que tomarla en su momento el Ministerio de Sanidad. En un sentido parecido, la ministra ha asegurado que la EVAU, retrasada a finales de junio y primeros de julio en todas las comunidades autónomas, sigue en pie y, de momento, no se ha planteado la posibilidad de un plan B, es decir, de realizarla de manera telemática o retrasarla aún más.



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jueves, 16 de abril de 2020

ITALIA DA UN APROBADO GENERAL A SUS ESTUDIANTES. ¿QUÉ PASARÁ EN ESPAÑA?


Italia es el espejo en el que los españoles nos miramos, conscientes de seguir un proceso similar en la crisis del covid-19, separado por un par de semanas en el tiempo. Allí, ya se está ultimando un decreto ley que liquidaría el año académico y prepararía el regreso a las aulas ya en el próximo septiembre. España todavía no ha tomado esta decisión ¿Volverán los alumnos a clase antes de final de curso?


Los italianos han comenzado a planificar cómo afrontar el curso que viene. La opción que gana enteros es iniciar el próximo curso con los alumnos más rezagados, a los que esté afectando más especialmente el curso perdido. De esta forma, las clases del curso 2020-2021 empezarían algo más tarde para el conjunto de los alumnos.

La principal dificultad es qué hacer con los jóvenes que debían enfrentarse a la selectividad (maturità en italiano). Si las clases se reanudan el 18 de mayo, se prepararía un calendario abreviado para llegar a las pruebas. Si no, no habrá examen escrito, sino oral a través de una plataforma on line.

ESPAÑA, ANTE VARIOS ESCENARIOS
En España, el Consejo Escolar del Estado -que agrupa a toda la comunidad nacional- votará mañana martes una propuesta sobre qué puede hacerse con lo que queda de curso. El sector educativo se está planteando varias posibilidades.

Lo que parece claro es que la opción de alargar el curso a julio no convence a nadie. Así lo expresado también el Departamento de Educación del Gobierno de Navarra que, aunque no descarta la vuelta a la docencia presencial, considera que no hay que alargar el curso más allá del mes de junio porque tanto el alumnado como el profesorado “necesitan un periodo vacacional”.

Los expertos plantean tres escenarios: que las clases presenciales se reanuden a finales de abril, que lo hagan en mayo o que no se pueda volver a las aulas. Para los dos primeros casos, el texto pide que no se avance en el currículo y la evaluación se centre el repaso de los contenidos ya estudiados. Si se da el tercero de los escenarios y no hay forma de volver a clase, se realizaría la evaluación de forma telemática. En todos los casos, los resultados del tercer trimestre servirían para el conjunto del curso.

El caso más complejo se daría en 4º de la ESO y 2º de Bachiller, ya que son cursos que otorgan títulos. Lo excepcional de la situación también ha hecho plantearse que para la obtención de los títulos de la ESO y Bachillerato sirvan los resultados del tercer trimestre, aunque en los dos anteriores se hubieran suspendido asignaturas. Así, y de forma extraordinaria, la tercera evaluación serviría “como recuperación de la dos anteriores y, en consecuencia, permitirá la obtención del título”.




Fuente de la noticia: https://www.diariodenavarra.es/noticias/vivir/educacion-familia/2020/04/06/italia-aprobado-general-estudiantes-que-pasara-espana-686580-3198.html


miércoles, 15 de abril de 2020

Los docentes, divididos por la manera de afrontar la evaluación final del curso


  • Los datos preliminares de un estudio realizado por investigadores de las universidades de Granada, Málaga y UNIR saca a la luz la división del personal docente ante los posibles escenarios de evaluación para el tercer trimestre de este curso.
  • A pesar de las diferencias, hay coincidencia en que cualquier solución debería no suponer más trabajo burocrático para el personal docente y se hace necesaria la coordinación y apoyo de las diferentes administraciones educativas.


 Desde hace algo más de un mes, alrededor de 10 millones de estudiantes están en sus casas intentando mantener el curso lectivo vivo. Todo su profesorado ha tenido que dar un salto (mortal) para poder, primero, terminar la segunda evaluación y, segundo, enfrentarse, a partir de ahora, a la tercera y al final del curso.

Mañana se reúnen en la Conferencia Sectorial el Ministerio de Educación y las comunidades autónomas para tomar una decisión en relación a este trimestre. Son muchas las voces que hablan de no empezar a dar contenido nuevo. Otras, abogan por continuar el curso con cierta normalidad.
Esta división de opiniones se refleja en el estudio “Escenarios de evaluación en el contexto de la pandemia por COVID-19: la opinión del profesorado” elaborado por Fernando Trujillo Sáez (Universidad de Granada), Manuel Fernández Navas (Universidad de Málaga), Adrián Segura Robles (Granada) y Manuel Jiménez López (UNIR) entre el 2 y el 12 de abril pasados.

El estudio establece cuatro tipos de escenarios de evaluación: autonomía de los centros (el trabajo desde casa continúa, dándose materia que, posteriormente es evaluada y calificada y con la que se realiza la evaluación final sin que la Administración autonómica tome decisión alguna); ajuste del currículo (Administración o centros realizan un ajuste del contenido hacia sus mínimos, se diseñan tareas para alcanzarlos y estas se evalúan con normalidad, desde el suspenso hasta el sobresaliente); evaluación positiva condicionada (se da evaluación positiva a todo el alumnado tras acordar unas condiciones mínimas relacionadas, por ejemplo, con la entrega de ciertas tareas en junio. Las notas van del aprobado al sobresaliente), y, finalmente, la evaluación positiva sin condiciones (todo el alumnado aprueba sin condiciones, mientras se realizan planes de refuerzo para el siguiente curso. En cursos finales puede calificarse tomando la media de las evaluaciones o de los cursos anteriores).

La opinión va por etapas (y por género)
Han respondido satisfactoriamente cerca de 3.000 docentes desde infantil hasta bachillerato, pasando por primaria y secundaria obligatoria. Y aquí está una de las primeras diferenciaciones, según el informe preliminar de los datos obtenidos.

Por una parte, el personal de infantil, mayoritariamente, apuesta por la evaluación positiva, sea con condiciones o no. Un 65,43% de quienes respondieron al cuestionario en línea redactado por el equipo investigador se encuentra en esta posición. El 42,42% en la evaluación positiva sin condiciones, el 22,04%, con condiciones. Frente a este, el 18,75% apostaría por hacer ajustes en el currículo y el 11,18% por dejarlo todo a la autonomía de los centros.

Las y los maestros de primaria, con porcentajes parecidos, apuestan también por la evaluación positiva, con y sin condiciones: el 54,16% del total así respondió. El margen es más ajustado que en caso anterior, de manera que un 30,13% seleccionó el escenario 4 (evaluación positiva sin condiciones); un 24,49%, el 2 (ajuste del currículo); un 24,03% el escenario 3 (evaluación positiva con condiciones), y el 15,71%, el 1 (autonomía de los centros).

El cambio importante se da con el paso a la secundaria obligatoria y postobligatoria, en donde los y las docentes apuestan más por los dos primeros escenarios, es decir, que se deje todo a la autonomía de los centros o, como mucho, se hagan ajustes curriculares. En cualquiera de los casos, las calificaciones podrían ser de suspenso.




No existe un escenario común, explican los investigadores, para la mayoría de los docentes. Sí existen escenarios poco deseables para todos: serían el 1 y el 4, que solo son considerados como moderadamente deseables frente a los demás – aunque el escenario 4 es el mejor valorado por las profesionales de infantil. Fuente: Grupo investigador.

En el caso de la ESO es el 62,34% el porcentaje de quienes abogan por dejar la situación entre la autonomía de los centros o el ajuste curricular. Del total, cerca del 40% apuesta por el ajuste curricular; el 22,6 por la autonomía de los centros; el 21,29% realizaría una evaluación positiva con condiciones, y el 12,66%, sin condiciones.

Cuando se «sube» al bachillerato, los porcentajes se equilibran más. A pesar de esto, casi el 55% preferiría autonomía o ajuste curricular; el resto, la evaluación positiva. Estos porcentajes se ordenarían de la siguiente manera: el 32,17%, ajuste curricular; el 25,2%, evaluación positiva con condiciones; el 22,62%, autonomía de los centros, y el 16,52% preferiría la evaluación positiva sin condiciones.

A esta división de los criterios a la hora de afrontar la tercera evaluación en función de las etapas educativas hay que sumar la que se da entre las y los profesionales del sector.
El estudio ha intentado conocer si había diferencias de opinión en función de la titularidad o del entorno socioeconómico del centro y concluye que no, pero sí la percibe en relación al género de quienes responden. En mayor medida las personas de género femenino apuestan por una evaluación positiva sin condiciones, mientras que el masculino se inclina en mayor medida por dejarlo todo a la autonomía de los centros. «Sin embargo, no se observaron diferencias de género en la selección de los escenarios 2 y 3», recoge una nota sobre la información preliminar del estudio.
Mismas razones para medidas diferentes

Además del estudio cuantitativo, el equipo investigador ha querido hacer un acercamiento cualitativo a las motivaciones del profesorado a la hora de elegir entre uno y otro modelo de evaluación. Destaca, según el resumen elaborado, el hecho de que las razones para decantarse por alguno de estos modelos son las mismas en los diferentes casos: situación de excepcionalidad, justicia, igualdad, mérito o esfuerzo. Términos «usados e interpretados, aseguran los investigadores, desde posiciones epistemológicas bien diferenciadas y probablemente antagónicas».
El equipo ha agrupado las posiciones en tres bloques conceptuales: concepción del proceso de enseñanza, definición de la evaluación y concepto de justicia. En el primer caso, podría decirse que hay quienes entienden este proceso como la transmisión de contenidos en un tiempo concreto, en palabras del equipo investigador, y que correspondería con los escenarios 1 y 2; mientras que otro grupo cree que se trata de la creación de experiencias de aprendizaje que pueden ocurrir en diferentes momentos (escenarios 3 y 4).

En cuanto a la definición de evaluación, los investigadores dividen al colectivo de nuevo en dos: quienes ven la evaluación como un proceso que certifica los aprendizajes y las calificaciones (escenarios 1 y 2) y quienes la entienden como una forma de regular el aprendizaje y buscar soluciones a los problemas que pudieran surgir (3 y 4).

Finalmente, dos grupos definirían también el concepto de justicia. Por una parte, entiende el equipo investigador, quienes ven la justicia como un concepto distributivo que se vincula a la cultura del esfuerzo. Este grupo sería el que se alinea con los escenarios 1 y 2. Por contra, estaría el grupo alineado con los escenarios 3 y 4, cuyo concepto de justicia es conmutativo y se preocupa más porque ningún alumno salga perjudicado del confinamiento.

A pesar de las diferencias entre, digamos, los dos grupos principales, sí existen acuerdos claros aseguran los investigadores, dentro de todos los grupos: la difultad de llegar a medidas concretas que puedan atender a toda la casuística posible; el rechazo a que cualquier medida pueda suponer más carga burocrática, y la necesidad de coordinación y apoyo por parte de la Administración educativa correspondiente a la labor docente.

Dadas las diferencias entre el colectivo docente a la hora de enfrentar la tercera evaluación y la final, el equipo investigador sostiene que lo más razonable sería «un paquete de medidas que contemple la especificidad de cada etapa educativa y que implique no solo actuaciones para el presente curso escolar sino para los próximos años, y siempre basadas en la coordinación y el respeto a la labor realizada por los docentes antes, durante y después de la crisis».






por 
Pablo Gutiérrez de Álamo
Fuente

sábado, 4 de abril de 2020

EI riesgo de los juicios "totalitarios" sobre los niños


Algunos, insatisfechos con la vieja escuela que sólo califica ciertos conocimientos académicos muy precisos (si se sabe sumar, si se puede leer corrido, si se conoce la clasificación de las rocas...), proponen una evaluación "integral" que debe tomar en cuenta no sólo los saberes dominados, sino también rasgos muy completos y dificiles de juzgar como curiosidad intelectual, actitud cooperadora, liderazgo, responsabilidad o iniciativa. Este enfoque parece a primera vista un progreso. Pero implica graves problemas. Es más claro y limpio recibir una nota basada en si se sabe restar con decimales o escribir un dictado que ser juzgado y calificado por su "solidaridad" o su "responsabilidad". La ideología del docente, de la escuela y, más allá, la ideologia dominante en la sociedad pueden tener un peso demasiado fuerte en estas calificaciones sobre valores, actitudes y conductas completas. Además, el proceso es excesivamente complicado. Cada personalidad es multifacética y honda, de tal manera que estos juicios globales abarcantes escapan de las posibilidades del docente. Son grandes los riesgos de equivocaciones serias, de estigmatización, de penalización al no conformismo, de castigo a lo diferente, de arbitrariedad en suma.


No es que el educador no deba estar atento a tales rasgos complejos, si debe estarlo. Lo que sugerimos es que esté pendiente de estas características profundas de la personalidad de cada niño. Que tome nota de lo que pueda captar de ellas. Que vea al niño como una persona y no como una suma de parcelas. Y que diseñe, si es necesario, estrategias sutiles para ayudar a cada niño a mejorar aspectos donde crea encontrar debilidades. Pero que lo haga de manera muy cuidadosa y sin emitir juicios expresos calificativos del niño. Y mucho menos juicios públicos. Son juicios que pueden afectar a los niños y que no se está en capacidad de formular.

EI educador debe estar consciente de la complejidad de los factores en juego y del riesgo de que lo común, lo usual en nuestro mundo, sea el rígido patrón de medida. Es importante reconocer que la diversidad entre las personas, en este caso los niños, es un rasgo positivo de la sociedad. No tenemos por qué tratar de juzgar a todos nuestros estudiantes con base en un "niño modelo" tomado como patrón. La diversidad es una ventaja social. Y en su diversidad los niños pueden relacionarse y aprender unos de otros y pueden explorar nuevas formas de ser y de sentir.

Desde luego, esto no quita que existan conductas francamente negativas que haya que atender para superar.
Pero las evaluaciones "totalitarias" son un lastre antes que un aporte. Una soberbia antes que una ayuda. Las opiniones de docente y compañeros deben centrarse sobre trabajos y acciones concretas de cada estudiante, y no sobre su persona como tal.



Extraído de
LA EVALUACIÓN EN LA ESCUELA:
una ayuda para seguir aprendiendo
 
Autora; Aurora LACUEVA*

viernes, 3 de abril de 2020

Evaluación como ayuda


Nuestra propuesta es que la evaluación se centre en ser una ayuda para que el estudiante siga aprendiendo mejor.

La escuela debe ser un mundo cultural rico, que le ofrezca a los niños y niñas múltiples experiencias formativas, y ha de utilizar una evaluación en contextos naturales, concebida como un apoyo más en la aventura de aprender.

Se trata, en primer lugar, de darse cuenta y realzar los logros de los niños. De esta manera los aprendices ganan mayor conciencia de sus éxitos, de lo que saben, de lo que dominan, base fundamental para sus posteriores esfuerzos.

En segundo término, se trata también de tomar nota de las "lagunas", los errores y las insuficiencias. Considerándolos normales, esperables: es natural que un niño, una niña, cometa errores en su esfuerzo de aprendizaje. Y considerándolos también superables. Precisamente, la evaluación sirve para ponerlos en la "agenda" de las cosas a seguir trabajando, a seguir practicando.

Nos parece importante deslastrarse de la concepción de la evaluación como un reparto de premios y castigos, una selección de "buenos, regulares y malos", una jerarquización cristalizada.

La evaluación como ayuda es un reto, porque ayudar es más sutil y complejo que chequear y calificar.


Extraído de
LA EVALUACIÓN EN LA ESCUELA:
una ayuda para seguir aprendiendo
 
Autora; Aurora LACUEVA*

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