domingo, 2 de noviembre de 2008

Evaluación de instituciones educativas.

Participación, autoevaluación, órganos colegiados y personales, evaluaciones externas e internas
Habitualmente por falta de una cultura de evaluación en nuestras escuelas, las iniciativas proceden de “afuera” de la institución. No obstante esto más que constituirse en una desventaja puede dar lugar a procesos de evaluación interna muy fructíferos.

La riqueza radica en las posibilidades de triangulación de la información, la intersubjetividad y la combinatoria de miradas internas y externas a la institución. Por supuesto que esto dependerá siempre del enfoque y los métodos elegidos para evaluar, estamos hablando de una evaluación que tiene como meta la mejora de la institución.

Un esquema simplificado del proceso de evaluación puede ser el siguiente

  • Formación de una comisión autoevaluadora
  • Intercambio de impresiones, representaciones, imágenes y visiones de los miembros de la comisión respecto a la institución.
  • Identificación, formulación y selección de los principales problemas institucionales.
  • Construcción de instrumentos de búsqueda de información.
  • Búsqueda de información cuantitativa y cualitativa.
  • Análisis e interpretación de los datos.
  • Propuestas y /o sugerencias de acción, reformulación de los problemas.
  • Difusión de los resultados obtenidos al resto de la institución.
  • Búsqueda de consenso.
  • Negociación de los resultados
  • Aparición de nuevos problemas
  • Metaevaluación
  • Reinicio del ciclo

¿Quién o quiénes se ocupan de hacer esta tarea?
Los órganos de funcionamiento u equipos que desarrollan tareas de autoevaluación pueden ser heterogéneos, es decir conformados por diferentes sectores de la institución, este modo de operar beneficia el trabajo y complejiza a su vez la mirada sobre los problemas.

Es una propuesta de participación y por lo tanto de democratización de las estructuras de funcionamiento institucional.

No se eluden los conflictos sino que el grupo trabaja acerca de ellos y de las líneas de acción posibles a desarrollar, es un grupo que finalmente -y si se logra que no se burocratice- , toma decisiones en forma colegiada para la institución.

Es importante prever el intercambio del equipo o de los equipos de trabajo de autoevaluación con el resto de la comunidad educativa, cada decisión, cada información debe ser difundida fuera del seno de este grupo, sino corre el riesgo de aislarse.

Es imprescindible que alguien gestione la evaluación.

En nuestras escuelas los motores de una gestión evaluativa son los miembros del equipo de conducción escolar. Difícilmente se puede generar un proceso de autoevaluación sin la promoción, jerarquización y motorización por parte de la conducción (o al menos que este equipo “deje hacer al resto”.)

A su vez es importante para lograr realizar la autoevaluación pensar en una estrategia:
Los círculos de calidad, o las comisiones autoevaluadoras, se constituyen en modelos, entre otras posibilidades, de gestionar la evaluación institucional.

La evaluación institucional, enmarcada en un paradigma comprensivo, presenta las siguientes características:

  • Es Contextualizada
  • Tiene en cuenta tanto los procesos como los resultados
  • Da lugar a la opinión de todos los actores
  • Es en sí misma formativa
  • Utiliza métodos e instrumentos diversos
  • Trabaja con información cualitativa y cuantitativa
  • Trabaja con el concepto de problema
  • Nadie tiene el criterio exclusivo de interpretación de la realidad (intersubjetividad)
  • Puede partir de la iniciativa de la escuela o bien de afuera de ella, sea como fuere, es aprovechada la oportunidad de auto revisión
  • Pretende mejorar la práctica (se entiende la evaluación misma como sostén de la calidad)
  • Utiliza lenguaje sencillo, claro y comunicable


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