martes, 22 de septiembre de 2020

La evaluación de los aprendizajes en tiempos de pandemia

 El Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) ha marcado un punto de inflexión en la universidad española. La adopción de una docencia más activa es un principio básico de esa revolución educativa. Una docencia basada en el desarrollo de las competencias de los alumnos, utilizando una metodología de enseñanza-aprendizaje y multitud de recursos educativos tales como la los entornos virtuales de aprendizaje, Internet, bases de datos, aplicaciones informáticas, gamificación, entre otros.

 


Otro principio característico ha sido la movilidad internacional de los estudiantes hacia otras universidades extranjeras mediante el programa Erasmus, en sus diferentes versiones. Estos dos fundamentos tienen como finalidad mejorar la empleabilidad de los egresados, quienes desarrollarán su profesión en un entorno cada vez más dinámico y competitivo.

Además de los dos pilares que sustentan el EEES, la evolución de la universidad española no puede entenderse sin los profundos cambios que ha tenido la sociedad española. En general, han sido consecuencia de la denominada revolución tecnológica de los sistemas de información y comunicación.

 

Una sociedad más abierta donde los jóvenes con menos recursos pueden también acceder a la universidad, donde la consolidación de la democracia ha asentado la libertad de expresión en todos los ámbitos y donde la eliminación de fronteras entre países ha hecho que personas de diferentes nacionalidades aprendan juntas, caracterizan a una nueva universidad.

 

Nueva realidad: la adaptación a la docencia online

A pesar de la resistencia de algunos docentes al uso de las nuevas tecnologías en las aulas, la pandemia del Covid-19 nos ha hecho tener que adaptarnos, en apenas unas semanas, a una nueva realidad: las aulas universitarias online. Alumnos y profesores han tenido que enfocar el final del curso 2019/20 en virtual. Nuevas aplicaciones como Collaborate, Zoom, Jitsi, Google Meet, Hanghouts, Skype… se han colado en el día a día de la universidad por prescripción sanitaria.

Ante la opción de dar por perdido el curso, muchos docentes y alumnos hemos hecho un sobre esfuerzo para adaptarnos a las diferentes plataformas educativas, con la finalidad de contactar con nuestros alumnos, hacernos presentes en la virtualidad, e impartir la docencia asignada de la mejor manera posible.

 

El proceso ha sido muy complejo porque la formación previa era escasa y la manera de interactuar alumno-profesor no es la misma que en presencial. Las clases online requieren de adaptaciones, apoyos, y formas de utilizar el entorno virtual de manera clara y concisa. El tiempo de preparación de las clases y ejercicios en virtual se ha duplicado, e incluso triplicado.

 

Ni muchos menos es comparable a la labor que han realizado nuestros sanitarios, que aprovecho para felicitarles por su trabajo, dedicación y vocación. Pero también los docentes requieren de ese reconocimiento público diario. Muchos equipos directivos, docentes, coordinadores, vicerrectores, decanos, rectores, secretarios, gerentes, personal de administración y servicios, están sufriendo jornadas maratonianas de reuniones y horas de reflexión para tomar decisiones por el bien común.

¡Mi aplauso virtual para todos ellos!

 

Nueva fase: cómo implementar la evaluación online

En cualquier caso, mejor o peor, el período de docencia online está a punto de terminar y nos enfrentamos a otro reto: cómo implementar la evaluación online en tiempos del coronavirus. Por justicia y equidad, debemos intentar que nuestros alumnos sean evaluados correctamente.

 

Sin embargo, los problemas de integridad y ética se ponen en tela de juicio. Muchos son los videos que circulan por las redes sociales estos días en los que alumnos “aventajados” enseñan a otros sobre cómo saber las respuestas correctas en un cuestionario a través de su código fuente. O qué aplicaciones existen para resolver cualquier problema matemático. O cómo hacer un ensayo de forma casi automática, con sólo meter unas palabras claves.

 

Ante esta nueva realidad, se nos plantea un aspecto que, a pesar de la evolución de la enseñanza hacia las competencias en vez de hacia el contenido del conocimiento, no ha quedado resuelto aún: ¿estamos dando clases para desarrollar competencias y luego medimos contenidos a través de exámenes tradicionales?

 

La evaluación del proceso de aprendizaje siempre ha sido un proceso complejo (York et al., 2015), sobre todo, porque tiene una influencia muy relevante en la calidad del proceso (Gibbs, 1992McLean, 2018). Si no evaluamos correctamente, el aprendizaje no será de calidad y habremos perdido mucho tiempo y recursos para no conseguir el objetivo principal de dicho aprendizaje (Muldoon, 2012).

 

Principales problemáticas en la evaluación online

Muchos son los profesores que dudamos de la evaluación online: ¿será el alumno quién realmente haga el examen? ¿será un alumno de cursos superiores?  ¿Una academia por encargo previo pago? ¿Copiará? ¿Realmente habremos evaluado lo que el alumno ha aprendido? ¿Servirá para algo?

Hacer un examen online es complejo. Los profesores estamos teniendo que adaptarnos, también en tiempo récord, aprendiendo a hacer cuestionarios online, ideando formatos de preguntas tipo test o de reflexión, etc. Además, se han preparado adendas a las fichas docentes para adaptar los criterios de evaluación a la metodología online.

 

Pero, no somos policías, y no disponemos de sistemas de próctoring al carecer de regulación que podría vulnerar los derechos de imagen de los alumnos. Los exámenes de definiciones o conceptos podrán copiarse y pegarse. Los ejercicios de cálculos podrán ser realizados automáticamente. Por lo tanto, tendremos que repensar el formato del examen y basarnos más en competencias que en la mera repetición de conceptos memorísticos.

 

No tendrá sentido que el alumno se haga experto en el famoso “copipeis”. Quizás el coronovirus, como muchos pronostican, nos traerá una nueva forma de valorar las cosas. Hará que veamos la realidad de manera diferente y no tiene por qué ser peor. Los cambios –unas veces planificados y otras no- siempre son buenos.

 

En el reto está la oportunidad

Esta guerra fantasma, ante un enemigo invisible, puede hacer lo que el EEES no ha conseguido aún: que se empiece a evaluar en base a las competencias del alumno y no tanto en su capacidad memorística. Preguntas que interrelacionen conceptos con rúbricas de evaluación claras, supuestos de reflexión ante casos particulares aplicando una u otra teoría, exámenes “open-book” donde se tenga que aplicar lo que se puede consultar sin necesidad de aprendérselo…

 

Soy por naturaleza optimista y, a pesar de todo lo negativo que nos ha traído la pandemia, que desgraciadamente ha sido mucho, creo que también vamos encontrar aspectos positivos de esta circunstancia excepcional.

 

El que los alumnos valoren las clases online y el esfuerzo diario del profesor, a pesar de las dificultades técnicas, la falta de recursos y de formación, ya es un avance. Si, además, ponemos nuestra creatividad y nuestro empeño al servicio de una evaluación justa e integra, quizás también habremos conseguido dar un paso más hacia el mejor aprendizaje posible de nuestros alumnos. Y este pasa por realizar una correcta y adecuada evaluación de lo aprendido en función de la capacidad y, sobre todo, del esfuerzo realizado por cada uno.

Pasamos a otra fase: ¡suerte para todos!

 

 

 

 

Fuente

https://www.universidadsi.es/evaluacion-online-covid19/

sábado, 19 de septiembre de 2020

¿Es posible evaluar a los alumnos en aislamiento?

 En este contexto resulta pertinente evaluar flexibilizando ciertos plazos, modalidades y niveles de exigencias para la motivación a futuro, tanto de docentes como de estudiantes.


 

El comienzo del ciclo lectivo 2021 tendrá que contemplar una etapa de diagnóstico y repaso mayor que lo habitual.

Xataka

 

Se acerca el momento de decidir si es posible o no, evaluar a los alumnos por el trabajo realizado a la distancia, desde sus hogares. Rápidamente, surge la pregunta sobre si se puede o no, trasladar las estrategias de evaluación presencial al formato virtual. Lo mismo sucede con las calificaciones. Esta pregunta tuvo su respuesta por parte del ministro de Educación de la Nación, Nicolás Trotta, quien sostuvo ante los medios de comunicación, “que el actual contexto de aislamiento social preventivo obligatorio no es el mejor momento para sostener la evaluación de forma tradicional con calificaciones”. Entonces, ¿cuál es el modo de evaluar en tiempo de pandemia?

 

El Covid-19 obligó a modificar hábitos e instaló nuevos desafíos en todas las áreas y aspectos de la vida, el ámbito educativo no es la excepción, ya que tuvo que repensar y replantar su esencia presencial arraigada durante más de 200 años. Desde un principio, se plantearon tres objetivos clave: primero, garantizar –con mucho esfuerzo de directivos, docentes, alumnos y familia–, la continuidad del ciclo lectivo; luego, sortear –en algunos casos con mayor éxito que en otros–, las desigualdades socioeconómicas de los 11,5 millones de jóvenes que hoy intentan seguir adelante con el aprendizaje desde sus hogares; y por último, descubrir e implementar nuevas formas y modelos educativos que no sean meramente circunstanciales, sino una oportunidad para seguir profundizando y desarrollándolos cuando pase la pandemia.

 

Es en este contexto, que se plantea el debate sobre la evaluación lejos del aula. No evaluar es no reconocer ni valorar el trabajo de tantos docentes y alumnos durante estos casi dos meses de clases a distancia; evaluar como si todo hubiera sido normal tampoco parece lo más sensato. Por esa razón, resulta pertinente evaluar flexibilizando ciertos plazos, modalidades y niveles de exigencias para la motivación a futuro, tanto de docentes como de estudiantes.

Cuando hablo de flexibilizar niveles de exigencia, me refiero a priorizar ciertos contenidos nodales como se ha pensado para la Ciudad de Buenos Aires. Del mismo modo que flexibilizar tiempos abre la posibilidad de discernir si conviene o no mantener el esquema bimestre - trimestre o bien considerar dos grandes momentos: el tiempo virtual y el tiempo presencial (cuando regresemos al aula).

 

Es muy loable la tarea incansable de directivos, docentes y familias para sostener la continuidad educativa en sus diversos niveles: social, ya que muchas escuelas se ocupan del tema alimentario; intelectual, a través del trabajo en múltiples y variados formatos; y socio- afectivo, brindando contención a múltiples actores institucionales. Todo este novedoso y complejo escenario, debe darnos márgenes amplios de paciencia y comprensión porque todos estamos aprendiendo.

 

Evaluación y seguimiento en tiempo de aislamiento

Los docentes disponen de una variedad de instrumentos para evaluar lejos del aula. En aquellos casos que sean factibles, se recomienda recopilar las diversas tareas y actividades que los alumnos fueron realizando en este tiempo a través del recurso didáctico del “portfolio”. Se trata de un instrumento que permite organizar y documentar el proceso de aprendizaje y dominio de los contenidos esperados. Incluye los trabajos de los estudiantes vinculados a las expectativas de aprendizaje planteadas y la reflexión sobre sus progresos. Dado que permite evidenciar procesos y logros de un periodo de tiempo dado, puede ser un instrumento pertinente para registrar el trabajo de los estudiantes en formato digital o papel, en el contexto de suspensión de clases presenciales. De este modo, muchos docentes encontrarán elementos para evaluar a sus alumnos e incluso calificarlos sea cuantitativa o cualitativamente.

 

Por el contrario, cuando los aprendizajes de los alumnos no estén logrados, teniendo en cuenta este contexto atípico, se debería establecer la categoría que ya existe dentro del sistema que se denomina “en proceso”. Metodología que se mantendrá hasta que se retornen las clases presenciales, o bien mientras se continúe con el formato virtual tratando de mejorar la situación académica del estudiante.

 

El comienzo del ciclo lectivo 2021 tendrá que contemplar una etapa de diagnóstico y repaso mayor que lo habitual, ya que escenarios como éstos siempre dejan algo en el camino que es necesario recuperar en algún momento.

 

Muchos docentes están haciendo un gran esfuerzo para evaluar a la distancia y eso es muy meritorio, aunque no tenga ingredientes de innovación. Otros, están aprovechando la crisis como oportunidad para animarse a innovar en la evaluación diseñando formatos más novedosos. Por ejemplo, podría estudiarse la misma pandemia y evaluarla en la línea del aprendizaje basado en proyectos, es decir, con un abordaje multidisciplinario.

 

No creo que al regresar a las aulas las cosas cambien drásticamente como si hubiera una realidad educativa del sistema antes y otra después de la pandemia. Volveremos a lo mismo pero transformados con una gimnasia y confianza mayor en el uso de la tecnología dentro del proceso educativo, pero sobre todo volveremos más convencidos que nunca a las aulas, con ganas de abrazarnos con los colegas y con nuestros queridos alumnos.

 

 

 

 

 

 

Por Joaquín Viqueira

Director Pedagógico de la Vicaría Pastoral de Educación de Buenos Aires.

Fuente

https://www.ambito.com/opiniones/docentes/es-posible-evaluar-los-alumnos-aislamiento-n5102213

jueves, 17 de septiembre de 2020

¿Se puede evaluar hoy a los alumnos igual que antes de la pandemia?

 La pandemia global provocada por la rápida propagación de la COVID-19 ha supuesto un cambio en la manera de proceder en todos los ámbitos que se puedan imaginar; y el mundo de educación ha sido quizá uno de los entornos en los que más impacto ha tenido esta reorganización social, profesional y académica.


 

Una de las más sorprendentes consecuencias que este hecho ha tenido es la decisión ‘por decreto’ por parte de las autoridades educativas de algunas comunidades autónomas de que la tercera evaluación no se tenga en cuenta a la hora de reflejar el rendimiento académico de los estudiantes o al menos en la misma proporción que el resto de las evaluaciones.

 

De esta decisión parece deducirse que no es posible un proceso de enseñanza-aprendizaje suficientemente efectivo en un entorno virtual, es decir, que la transmisión de contenidos, el proceso de investigación y la transferencia no pueden darse con las suficientes garantías en contextos virtuales.

 

Aprendizaje basado en competencias

Sin embargo, si se atiende al principio básico que define el aprendizaje basado en competencias de Jaques Delors, es decir, la necesidad de promover en los estudiantes el desarrollo de transferencias, no parece incompatible. Desarrollar transferencias implica poner el énfasis, no tanto en lo que el estudiante sabe y conoce, sino en las competencias y habilidades que se han alcanzado.

 

La transferencia no es sino la capacidad de aplicar lo aprendido en un contexto nuevo y diferente. En definitiva, una competencia que capacite al individuo para hacer frente a gran número de situaciones.

 

¿Qué significa “de carácter formativo”?

Cabe recordar, además, que la normativa del actual sistema educativo recoge que, dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje se debe ofrecer una propuesta de evaluación continua de carácter formativo. Esta consiste en la retroalimentación permanente hacia el estudiante, no solo con el fin de poder calificarle, sino para ayudarle a mejorar y avanzar en su comprensión.

 

De hecho, implica igualmente ayudarle a mejorar en su aprendizaje, ya que si la evaluación está correctamente planteada, la valoración del propio desempeño se produce de modo automático. Se trata de una responsabilidad compartida hacia el aprendizaje entre estudiantes y docentes.

 

Este tipo de enfoque (y cualquier otro) debe ofrecer a los estudiantes unos criterios de evaluación claros, relevantes, explícitos y, sobre todo, públicos. Deben, además, estar presentes en todo momento durante el proceso.

 

Una de las consecuencias más inmediatas que este planteamiento de evaluación tiene es el hecho de que los estudiantes comprenden en profundidad lo que implica un trabajo de calidad; son conscientes en todo momento a lo largo de su proceso de aprendizaje de lo que implica un trabajo bien realizado y, por lo tanto, de cuáles son las tareas que necesitan mejora.

 

Implicaciones de este tipo de evaluación

La evaluación continua implica una retroalimentación (tanto por parte del docente como por parte de los pares) que debe darse a lo largo de todo el proceso. Deben explicitarse unos indicadores de evaluación que tengan una relación clara y directa con los objetivos didácticos de la unidad. Esos indicadores han de ayudar al estudiante a poder evaluar su progreso lo que, además, favorece el desarrollo de su espíritu crítico.

 

Implica no solo calificar el trabajo en sí, sino también realizar sugerencias para mejorarlo, ofreciendo al estudiante indicaciones claras de hacia dónde debe encaminar su trabajo. Por último, exige una planificación previa minuciosa que la dote de sentido y sobre todo la convierta en una herramienta eficaz de aprendizaje.

 

¿Cómo llevarlo a cabo desde la distancia?

La pregunta lógica que se formula el docente es cómo llevar a cabo todo lo anterior desde la distancia. Qué recursos están a su alcance para saber si está logrando esos objetivos, si sus estudiantes están aprendiendo, teniendo en cuenta el desafío implícito en las actuales circunstancias. En otras palabras, si el aprendizaje desde casa supone abandonar el objetivo primordial de una educación encaminada a un aprendizaje profundo y, por lo tanto, duradero.

 

Si se aplican los principios que rigen el aprendizaje basado en competencias, la virtualidad derivada de esta nueva situación no tiene por qué suponer un impedimento para respetarlos. Es cierto que el distanciamiento físico tiene un impacto en la tan necesaria socialización del aprendizaje, por no hablar del problema que muchas veces supone el mero acceso a la tecnología en sí.

 

Pero eso no es lo mismo que afirmar que la evaluación continua propia de un marco de competencias no sea posible. El reto consistirá, por un lado, en seguir aplicando los principios pedagógicos que lo rigen, es decir, obligar a los estudiantes a que utilicen los contenidos como un medio para resolver un problema y no como un fin en sí mismo.

 

Por otro lado, habrá que diseñar un recorrido de aprendizaje que los estudiantes puedan documentar, de manera que nos permitan observar (y, por lo tanto, corregir y redirigir) ese recorrido. El portafolio digital, por ejemplo, es un recurso al alcance de los docentes que permite precisamente eso.

 

Examen memorístico

Si todo lo que el docente pretende es trasladar un examen de tipo memorístico y exclusivamente de contenidos, en efecto, la virtualidad del proceso no asegura que el estudiante realice dicha prueba únicamente en base a lo que recuerde. Sin embargo, ¿cuál era el objetivo? ¿cuál es, por tanto, el objeto de evaluación? Si esa misma prueba se realiza en un aula bajo la atenta mirada del docente, ¿garantiza el aprendizaje? Únicamente refleja la capacidad de memorización de un determinado estudiante.

 

Sin embargo, un modelo de enseñanza enfocado al desempeño, al saber hacer y aplicar, sí garantiza un aprendizaje sólido, transferible a otros contextos, que nos permita egresar estudiantes capaces de resolver problemas en entornos diversos.

 

Habrá que diseñar escenarios que nos permitan generar pruebas capaces de evaluar en qué medida nuestros estudiantes resuelven problemas con todos los recursos de los que disponen a su alcance, como haría cualquier ciudadano o profesional en su desempeño diario.

 

 

 

 

Autoras

1.      Naiara Bilbao Quintana

Profesora del departamento de Didáctica y Organización Escolar, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

2.      Arantzazu López de la Serna

Profesora Facultad de Educacion de Bilbao / Irakaslea Bilboko Hezkuntza Fakultatea, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

 

Fuente

https://theconversation.com/se-puede-evaluar-hoy-a-los-alumnos-igual-que-antes-de-la-pandemia-138485

domingo, 13 de septiembre de 2020

Cuatro afirmaciones sobre evaluar para aprender que deberíamos contemplar en tiempos de pandemia

 Te compartimos las reflexiones de Graciela Cappelletti sobre la evaluación de los aprendizajes en tiempos de pandemia, preguntas para formularse y cómo aproximar modos de respuesta.



Habitualmente en las escuelas estamos signados por los tiempos de la evaluación: hay una agenda a la cual responder, y unos modos habituales de hacerlo. 

Hoy, el escenario es diferente, la pandemia estructura un nuevo contrato educativo. No es más lo de siempre: a los maestros, profesores y escuelas nos proponen un modo de acompañar las trayectorias de los estudiantes. Nuevas normativas federales y jurisdiccionales configuran unas ¿nuevas? reglas. Y en estos procesos nos encontramos. Con la intención de acompañar esos procesos, pienso en voz alta y comparto cuatro pensamientos en construcción.

 

1. “Se trata de un recorrido”

 Evaluación, enseñanza y aprendizaje no son procesos que se dan por separado. Pero en ocasiones nos referimos a ellos como si lo fueran… Y nos apremia el momento de evaluar, de diseñar una prueba, de calificar… Y para el caso de la escuela secundaria,con mayor frecuencia, de analizar la aprobación. La primer afirmación en este pensamiento en construcción es la idea de considerar que se trata de un recorrido. En este punto,  en estos tiempos, nos detenemos para dar cuenta de los aprendizajes construidos. Por primera vez para muchos de nosotros se trata de poner el foco en ese recorrido y en los logros, NO en la calificación. Esto no es solamente una definición técnica. Estamos dispuestos a hacerlo? ¿Podremos deconstruir nuestras biografías acerca de la evaluación? ¿Modificar nuestras prácticas habituales? ¿Nos es posible poder mirar desde otro lugar?

 

 

2. “Narrar el camino del estudiante”

 La primera afirmación-pensamiento en construcción- nos lleva a la segunda. ¿Cómo lo hago? Esta pregunta es claramente práctica, atiende al modo. El modo habitual suele estar definido por el diseño de uno a varios instrumentos de evaluación que nuestros estudiantes resuelven y nos permiten recoger evidencias de sus aprendizajes. ¿Y en tiempos de pandemia? La pregunta acerca de cómo hacerlo me remite a dos cuestiones:

 

La primera: ¿Por qué diseñar un instrumento (o más de uno)? Es posible revisar el recorrido volviendo a mirar las producciones realizadas, o los intercambios virtuales si es que tuvimos la posibilidad de realizarlos. Narrar el camino del estudiante. Analizar sus logros, acompañar lo que todavía no alcanzó. Narrar en el sentido total de la palabra.

La segunda: cabe la pregunta ¿Quién narra? Si proponemos a nuestros estudiantes que ellos sean los que elijan las producciones que consideran que dan cuenta de sus evidencias de aprendizajeestaremos favoreciendo tanto una práctica metacognitiva y rompiendo la hegemónica perspectiva de la evaluación en  la que siempre es el maestro o maestra el que señala los logros o las dificultades. Y aquí encuentro, en este pensamiento en construcción, una oportunidad maravillosa no solamente para que nuestros estudiantes aprendan reflexivamente sino para aprender como docentes de esta nueva posición.

 

3.“No alcanza con hacer un promedio y colocar una calificación, […] se trata de hacer foco en alguna sugerencia que acompañe la mejora del ‘próximo trabajo'”

 

La pandemia, la virtualidad, la distancia, nos desafía a ofrecer retroalimentaciones. Esta vez no alcanza con hacer un promedio y colocar una calificación. Esta vez nos preguntamos cómo acompañar de un modo diferente. Diferente en el canal del mensaje, diferente en el modo de ofrecerlo. Nos solicitan devoluciones cualitativas (¡lo celebro!). ¿Cómo puedo aprovechar esta oportunidad para que mis estudiantes además de comprender en qué momento del recorrido de aprendizaje están, puedan sentirse acompañados en cómo seguir? De eso se trata evaluar para aprender. La mirada no es solamente “hacia atrás” en el proceso, sino que se trata de hacer foco en alguna sugerencia que acompañe la mejora del “próximo trabajo”. Con amorosidad, refiriendo a logros específicos y realizando alguna sugerencia específica. Tenemos la oportunidad de andamiar los aprendizajes de los estudiantes sin la presión de la calificación… ¿podremos hacerlo?

  

4. “La evaluación en tiempos de pandemia no solo nos interpela a los docentes. También a los estudiantes y a sus familias”

 

Estos pensamientos en construcción me llevan a pensar en una dimensión que también me moviliza. La evaluación en tiempos de pandemia no solo nos interpela a los docentes. También a los estudiantes y a sus familias, que día tras día, trimestre tras trimestre han transitado una modalidad diferente de evaluación. Pienso que es necesario comunicar a cada uno de ellos nuestras decisiones acerca de cómo evaluamos hoy, y porqué es conveniente hacerlo de este modo. Involucrar a los estudiantes y a las familias, contarles lo que hacemos y porqué lo hacemos. Construir o reconstruir ese vínculo. Esto también es una oportunidad.

 

 

 

 

 

 

 

Por

Graciela Cappelletti es Especialista y Magíster en Didáctica (UBA) 

Fuente

https://panorama.oei.org.ar/cuatro-afirmaciones-sobre-evaluar-para-aprender-en-tiempos-de-pandemia/

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Evaluación en tiempos de pandemia

El Ministerio de Educación emitió la circular ministerial, que resultó ser una serie de orientaciones para la continuidad de la educación en estos tiempos de pandemia.  En dicha circular, llama la atención de forma particular el literal H, donde se hace el llamado a colocar la evaluación formativa sobre la sumativa, especialmente en estos tiempos de cuarentena.

 


El Mineducyt está consiente sobre la actual crisis y conoce muy bien que no es lo mismo evaluar en tiempos normales a evaluar durante la cuarentena; pero si la situación actual producida por el COVID-19 permite que la evaluación formativa sea aceptable y sabemos que es más provechosa, sobre la sumativa por muchas razones, para docentes y estudiantes; esto nos lleva a preguntarnos  ¿por qué no se realiza y se le da preeminencia en tiempos normales? ¿Acaso somos conscientes que el modelo constructivista de la educación impregnado en el currículo nacional y la evaluación por competencias no se está practicando en el sistema educativo? Y sobre todo, ¿podemos seguir evaluando normalmente y de igual forma como se haría en un salón de clases en tiempos donde se recibe la educación a distancia?  

 

Sabemos que la tecnología jamás remplazará al salón de clases y que esta no debe de empequeñecer el rol del docente, por ello tampoco se le debe de utilizar para acomodar la labor de enseñar y de evaluar. La actual situación de pandemia y el uso de la tecnología requerida para darle continuidad a la educación, ha hecho más evidente el sometimiento que el docente realiza sobre sus estudiantes para controlar sus asistencias a clases, sus entregas de tareas y actividades, para posteriormente juzgar quienes serán promovidos y quiénes no. 

 

La falta de un plan para la continuidad de la educación ante una crisis o emergencia tuvo como consecuencia la saturación de trabajos, tareas y actividades que los estudiantes debían realizar en tiempo récord y más cortos que en tiempos normales. Así también evidenció la falta de coordinación entre los docentes de un mismo grupo de estudiantes para planificar el desarrollo de clases y petición de tareas, ello desencadenó la falta de motivación de los estudiantes a realizar las tareas, que en todo caso se trataron de simples guías de trabajo a realizar mientras no se está en el salón de clases. 

 

De forma similar muchos padres de familia se desmotivaron a que sus hijos se siguieran educando, ya que reflejaron su descontento con la falta de evaluación y retroalimentación por parte del sector docente. Así se evidenció la brecha existente entre calificar y evaluar, ya que se están calificando las tareas, más no se están evaluando, se están señalando los errores cometidos por los estudiantes más no se le enseña cómo superarlos. Estas evidencias, en palabras de Santos Guerra: “permiten reflexionar sobre algunos problemas que tiene la evaluación educativa: cargar de dificultad la tarea, no devolver la información, no explicar el proceso, no hacer autoevaluación, tener en cuenta sólo el resultado” (Santos Guerra. 2003. Pág. 9).  

 

A lo anterior se le añade la mala práctica de elaborar pruebas, exámenes o test online, de falso y verdadero, de opción múltiple, entre otras formas de redacción de preguntas. Esto llevó a evidenciar la tendencia cuantitativa de la evaluación sobre la cualitativa, lo que hace preguntarnos: ¿En El Salvador el modelo bancario/conductista de la educación no se había superado? Los estudiantes no están aprendiendo, no se está evaluando, se están calificando y sobre todo los procesos de aprendizaje formativos están siendo ignorados, por ende no se están realizando avances en la mejora de la calidad de la evaluación para los aprendizajes. 

 

Por otra parte, en estas semanas que muchas instituciones educativas están culminando los trimestres y periodos escolares, se hicieron evidentes las prácticas de elaboración de cuadros de honor. En tiempos donde los contextos para los procesos de y para los aprendizajes se vuelven dificultosos, a ellos se les añade el hecho que los estudiantes tienen que afrontar el común método de ser comparados y estigmatizados por su rendimiento académico, que no es más que una simple suma de calificaciones obtenidas en todas sus asignaturas. Lo cual puede fortalecer a unos tres o cinco estudiantes pero desmotivará, frustrará y desalentará al resto del grupo.  

Aunado a ello se evidenció la falta de organización de los horarios de clases en tiempos de pandemia, pues los estudiantes reciben sus clases en horarios normales como si estuvieran en sus salones. De la misma manera el Mineducyt hizo el llamado a organizar estos horarios y a abandonar el copiado y dictado por lo menos durante esta situación. ¿Acaso esta práctica se debería seguir realizando en los salones de clases?  

 

En definitiva la evidencia más grande ante todo lo mencionado y que integra mi opinión es la carencia de la formación docente en el área de evaluación de y para los aprendizajes. No hay que culpar a los docentes ante estas problemáticas, pues a ellos se les está exigiendo calificar a los estudiantes del 1 al 10 para subir esa calificación numérica a una plataforma de control y simplificación denominada Sistema de Información para la Gestión Educativa Salvadoreña

 

Es evidente la incongruencia del modelo constructivista y cualitativo con que se formó el currículo nacional con la práctica conductista y cuantitativa. Eventualmente la falta de apoyo para la formación docente en evaluación es una cuestión que se debe de tratar si hablamos o queremos reinventar y mejorar la calidad educativa en cuanto a los procesos de aprendizajes.  

Entre tanto Agustín Fernández instituyó que habrá que ir dando más peso a la evaluación cualitativa sobre la tradicionalmente cuantitativa; también hay que renovar y actualizar los enfoques de formación inicial y continua de los docentes, a fin de que puedan proponer sistemas de evaluación realmente inclusivos. (Fernández A. 2014. Pág. 169).  

 

Mi propuesta… 

Mientras eso ocurre, propongo colocar la evaluación formativa y continua sobre evaluaciones sumativas y finales, evaluaciones cualitativas sobre cuantitativas y sobre todo participativas para los estudiantes. 

 

Las herramientas e instrumentos para evaluar a nuestros estudiantes que se pueden aprovechar son muchas, de las cuales destaco los portafolios de actividades, proyectos, ensayos, mapas conceptuales, cuadros comparativos, pero sobre todo los cuadros de avances de los estudiantes. Que no deben de ser llenados solamente por el docente si no en comunidad con el estudiante y los padres de familia, donde se destaque la evaluación cualitativa y la autoevaluación del estudiante.  

 

Los cuadros de avance resultan a mi perspectiva ser la herramienta que se acomoda eficientemente y eficazmente a la crisis actual. Se pueden elaborar partiendo de la numeración de actividades, sin saturación, fecha en que se deben de realizar, tema o contenido a desarrollar así como las competencias a adquirir. Posteriormente realizada la actividad, es fundamental que el estudiante se pregunte si el tema ha sido comprendido y superado, de no ser así, el estudiante describirá qué obstáculos presentó la temática y aquí es donde entra la retroalimentación de la actividad con el objetivo de identificar aspectos positivos y a superar en los procesos de comprensión y aprendizajes.   

 

Por último, tenemos que evidenciar que los retos y problemas a superar en nuestro sistema educativo son muchos, sobre todo en el área de evaluación donde se necesita un salto de la evaluación de los aprendizajes a la evaluación para los aprendizajes, lo cual no es solo un cambio de nombre de la evaluación, sino una práctica profunda en la labor de enseñar, evaluar y aprender, no solo de los estudiantes, sino también de los docentes. 

 

 



Fuente

https://www.disruptiva.media/evaluacion-en-tiempos-de-pandemia/

Por

RIGOBERTO ARÉVALO CARRILLO

Lic. en Relaciones Internacionales
Estudiante de Maestría en Política y Evaluación Educativa, UCA

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