jueves, 4 de octubre de 2012

Coherencia de la evaluación con las políticas educativas

Toda evaluación es importante, en la medida que sea un motor para las mejoras, por lo que todas tienen un sentido, una intención, entonces ¿La evaluación de un sistema educativo debe permanecer independiente de las políticas o estar integrada a ellas? ¿Qué conexión debe mantener con el currículo? ¿Podemos afirmar que la evaluación permanece “neutra”?

  

Una cuestión que merece la pena abordar aquí y que también ha generado debate tiene que ver con la coherencia que debe existir entre la política de evaluación y otras políticas educativas. Se trata de fomentar los efectos beneficiosos de la evaluación para el desarrollo de la educación y de evitar sus efectos perversos. La experiencia nos demuestra que la aparición de efectos no deseados ni deseables en este ámbito es más frecuente de lo que debiera, lo que obliga a no ignorarlos y a prestarles atención.

Hay que insistir reiteradamente en que las políticas de evaluación del sistema educativo no deben concebirse al margen de las políticas generales de desarrollo del mismo. En última instancia, las primeras deben colaborar al logro de los objetivos de la educación. Así, por ejemplo, aunque pocos se opondrán a la utilización de la evaluación para la mejora de la eficacia y la eficiencia del sistema educativo, existen divergencias importantes entre la aplicación práctica de dicho planteamiento en un modelo político de corte neoliberal o preocupado prioritariamente por la excelencia (interesado, por ejemplo, en fomentar la competencia entre escuelas y redes escolares, presuponiendo que es una de las claves para la mejora) y otro de corte socialdemócrata o preocupado primordialmente por la equidad. Por ello, las políticas de evaluación no deben concebirse como una parcela aislada dentro del amplio campo de la política y la administración educativas.

Otro tanto podría decirse de la conexión existente entre evaluación y currículo. Este último campo ha sido objeto de especial atención en las reformas educativas de la década de los noventa, aunque hoy tendamos a verlo como un elemento que debe integrarse en una visión más sistémica del cambio. En cualquier caso, el currículo es y seguirá siendo un elemento central en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Por ese motivo, existe el riesgo, a veces convertido en realidad, de que las políticas de evaluación no estén completamente de acuerdo con las políticas curriculares o incluso de que se contrapongan a ellas. Por ejemplo, la difusión actual del modelo curricular que conlleva la definición de unas competencias básicas que deben lograr todos los jóvenes tiene el riesgo de contraponerse a un modelo de evaluación del rendimiento basado en un concepto más tradicional del aprendizaje, limitando así sus posibilidades para el cambio.

Para ilustrar estas reflexiones, se pueden recordar los debates que recientemente se han planteado acerca del posible impacto negativo que pueden tener las evaluaciones en gran escala sobre las prácticas docentes, pudiendo llegar incluso a ejercer un efecto perverso. No puede decirse que la aplicación de pruebas estandarizadas de rendimiento tenga necesariamente un efecto negativo como el que a veces se le ha achacado, pero hay que tener presente que existe un riesgo real de que así sea, especialmente cuando los docentes se orientan a preparar a los alumnos para dichas pruebas, descuidando los aspectos del currículo que no quedan cubiertos por ellas. El riesgo de que se produzca ese efecto perverso es aún mayor cuando las pruebas son demasiado simples, cuando sus resultados tengan un alto impacto sobre el profesorado, los estudiantes y las escuelas, y en la medida en que los usuarios no tengan la capacidad o la formación adecuada para entender el alcance real y las limitaciones de ese tipo de evaluaciones. Por ese motivo, el diseño de pruebas de evaluación del rendimiento a gran escala exige un cuidado especial y una consideración detenida de los usos que de ellas se pretende hacer.

A modo de conclusión, debe reconocerse que la evaluación ofrece importantes posibilidades para la mejora de la educación, pero también implica algunos riesgos que no deben obviarse.



Autor
Evaluación y cambio educativo: los debates actuales sobre las ventajas y los riesgos de la evaluación
Alejandro Tiana
Avances y desafíos en la evaluación educativa
Elena Martín
Felipe Martínez Rizo
Coordinadores
Metas Educativas 2021






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